/ miércoles 22 de enero de 2020

INSABI urgente

La Organización Mundial de la Salud fue constituida el 7 de abril de 1948 teniendo como una de las principales afirmaciones que el goce del grado máximo de salud que se pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano, es decir, se encuentra incluso por encima de cualquier disposición local que menoscabe dicho derecho.

En ese sentido, el artículo 4o de nuestra Constitución establece que toda persona tiene derecho a la protección de la salud, además de considerar que estos servicios se prestan de manera concurrente entre la Federación y las entidades federativas, dada la importancia que implica esta garantía.

Incluso a nivel social y de derechos, se manifiesta que este derecho es el más importante de todos debido a que implica a diversos sectores de la población, incluyendo a aquellos que se encuentran en estado de vulnerabilidad.

Por ello, uno de los compromisos de la Agenda 2030, la cual se encuentra suscrita por nuestro país, particularmente el Objetivo de Desarrollo Sostenible 3 relacionado con la salud y bienestar, tiene trazado lograr la cobertura sanitaria universal.

Dicho compromiso se estaba atendiendo con la operación del entonces denominado Seguro Popular, sin embargo, ese programa dejó de funcionar para dar lugar al Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI), bajo la premisa de dar servicios de cobertura mayor y evitando problemas de corrupción.

Cuando se trata de la salud, la línea entre la espera por mejores servicios y la implementación de esos nuevos programas, es una línea de mucho riesgo, ya que los tratamientos de enfermedades crónicas degenerativas o de las urgencias, no permiten espacio ni tiempo alguno que les permita contenerse; es una situación de vida o muerte que tiene como consecuencia la contabilidad de muchos decesos, de afectaciones graves a familias y de pérdidas irreparables.

La construcción de un servicio de salud universal escapa solo al número, sino que debe atenderse con calidad y, en un país como el nuestro donde las desigualdades abundan, también debe tener el componente de la gratuidad, máxime cuando nuestro esquema de salubridad se enfoca a personas con trabajos formales, sin embargo, existe un número importante de mexicanas y mexicanos que no tienen acceso al IMSS y al ISSSTE (servicios que, además, desde hace muchos años no son ejemplo de calidad y rapidez).

La espera a un INSABI gratuito y universal no debe prolongarse porque aunque puedan parecer solo estadísticas, las muertes duelen a todas y cada una de las familias involucradas. Las medidas que se deben tener son urgentes, ya que para cuando lleguen los medicamentos o cuando se combata a aquellos que lucran con la salud, puede ser demasiado tarde.

Habremos de pugnar por construir servicios de salud eficientes pero no solo en el INSABI, sino en los otros Institutos encargados de atender la salud de nuestra población. La paciencia se puede acabar y puede sobrevenir el caos. La salud debe tomarse con la seriedad que necesita tan importante tarea de cualquier nación.

La Organización Mundial de la Salud fue constituida el 7 de abril de 1948 teniendo como una de las principales afirmaciones que el goce del grado máximo de salud que se pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano, es decir, se encuentra incluso por encima de cualquier disposición local que menoscabe dicho derecho.

En ese sentido, el artículo 4o de nuestra Constitución establece que toda persona tiene derecho a la protección de la salud, además de considerar que estos servicios se prestan de manera concurrente entre la Federación y las entidades federativas, dada la importancia que implica esta garantía.

Incluso a nivel social y de derechos, se manifiesta que este derecho es el más importante de todos debido a que implica a diversos sectores de la población, incluyendo a aquellos que se encuentran en estado de vulnerabilidad.

Por ello, uno de los compromisos de la Agenda 2030, la cual se encuentra suscrita por nuestro país, particularmente el Objetivo de Desarrollo Sostenible 3 relacionado con la salud y bienestar, tiene trazado lograr la cobertura sanitaria universal.

Dicho compromiso se estaba atendiendo con la operación del entonces denominado Seguro Popular, sin embargo, ese programa dejó de funcionar para dar lugar al Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI), bajo la premisa de dar servicios de cobertura mayor y evitando problemas de corrupción.

Cuando se trata de la salud, la línea entre la espera por mejores servicios y la implementación de esos nuevos programas, es una línea de mucho riesgo, ya que los tratamientos de enfermedades crónicas degenerativas o de las urgencias, no permiten espacio ni tiempo alguno que les permita contenerse; es una situación de vida o muerte que tiene como consecuencia la contabilidad de muchos decesos, de afectaciones graves a familias y de pérdidas irreparables.

La construcción de un servicio de salud universal escapa solo al número, sino que debe atenderse con calidad y, en un país como el nuestro donde las desigualdades abundan, también debe tener el componente de la gratuidad, máxime cuando nuestro esquema de salubridad se enfoca a personas con trabajos formales, sin embargo, existe un número importante de mexicanas y mexicanos que no tienen acceso al IMSS y al ISSSTE (servicios que, además, desde hace muchos años no son ejemplo de calidad y rapidez).

La espera a un INSABI gratuito y universal no debe prolongarse porque aunque puedan parecer solo estadísticas, las muertes duelen a todas y cada una de las familias involucradas. Las medidas que se deben tener son urgentes, ya que para cuando lleguen los medicamentos o cuando se combata a aquellos que lucran con la salud, puede ser demasiado tarde.

Habremos de pugnar por construir servicios de salud eficientes pero no solo en el INSABI, sino en los otros Institutos encargados de atender la salud de nuestra población. La paciencia se puede acabar y puede sobrevenir el caos. La salud debe tomarse con la seriedad que necesita tan importante tarea de cualquier nación.

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