/ sábado 16 de marzo de 2024

La Casa de las Toronjas en Tulancingo: ¿qué  historias guarda esta añeja edificación?

Este discreto edificio ubicado en la calle Primero de Mayo fue en su momento la primera escuela de artes teatrales de la región

Sobre la calle Primero de Mayo, una de las que alberga mayor número de edificios históricos en el corazón de Tulancingo, reposa desde hace más de un siglo, una de las casas que otrora albergó la primera sede teatral que hubo en esta ciudad. También este recinto fue la primera escuela de artes escénicas de la región, de hecho, la historia señala que aquí se montaron operetas y obras que llegaron desde el Viejo Continente para deleite de tulancinguenses.

¿Por qué se llama la Casa de las Toronjas?

Hoy en día le llaman la Casa de las Toronjas, mote que se le impuso en la segunda mitad del siglo XX en honor a un frondoso árbol de toronjas que se alza a la mitad de su patio principal, como testigo de los años que componen su historia y que hasta el día de hoy mantiene la identidad de este particular recinto cuyo origen se remonta probablemente a las épocas antes del Porfiriato, en pleno siglo XIX.

Importante recinto teatral

Al respecto, Felipe Carrillo, uno de los historiadores de Tulancingo, contó que la Casa de las Toronjas fue un importante polo cultural en las épocas previas a la Revolución e incluso luego de que terminó la guerra, al ser adquirida por Samuel de la Torre Moreno en 1905.

“Él fue el precursor del teatro en Tulancingo, eso es lo importante de esta casa. Ahí preparaba a varios ciudadanos que después daban funciones en los teatros de la ciudad, como en el Teatro Guillermo Prieto o en el Teatro del Cine Olimpia. Era una persona tan visionaria, que antes de la Revolución mandaba traer de Europa distintas operetas, partituras y libretos para que se presentaran aquí en Tulancingo”, relata el también escritor y compositor.

La escuela de teatro, según narra, estaba al interior de la casona. Aunque no era común que las funciones de teatro fueran en este sitio, aquí se forjó una gran cantidad de actores y actrices. De hecho, también se organizaban puestas en escena para recaudar fondos para causas difíciles: desastres naturales, inundaciones y hasta se hizo una función de gala para acopio de fondos cuando se trazaba apenas la vía federal México-Tuxpan, en la primera mitad del siglo XX.

Vestigios arquitectónicos en este hermoso lugar

Actualmente aún es posible conocer un poco de la estructura original, aunque el devenir de los años pasa lentamente factura al edificio. Tres pinturas al fresco en su recibimiento principal están grafiteadas, sus portones apolillados y muchas de las vigas y candelabros manifiestan a simple vista afectaciones por humedad. No obstante, para los amantes de los edificios antiguos o hasta de la arquitectura, la Casa de las Toronjas otorga un agradable rato de lectura estructural.

Fuertes remates de influencia árabe, producto del paso de los libaneses por Tulancingo; ventanales amplios, un patio coronado por arcos y colores contrastantes que recuerdan aquellas épocas de un México que solo conocimos a través de las anécdotas de nuestros abuelos.

El pasillo de acceso al segundo patio es resguardado por un colorido vitral, que en perspectiva, imprime a las toronjas colgantes de un psicodélico fondo. Aves viven en el patio principal, sede de una conocida cafetería en la que sirven snacks, pizzas, guajolotes, entre otros deleites.

Sobre las paredes de la portada, en el patio principal, hay dos ilustraciones, cada una corresponde a los antiguos dueños de la Casa. Primero, doña Consuelo de la Torre Mancera, de quien en una ficha informativa que aquí reposa se cuenta que:

“Al morir mi abuelo Samuel; mi mamá fue una de las tres herederas de esta casa. A ella le correspondió el terreno ubicado al fondo de la propiedad, en donde estaba el jardín y el teatro. Tuvo la osadía de construir a partir del año 1948, 12 casas en su terreno y en 1962, compró a mis tías Virginia y Clara Luz, sus partes y se volvió a quedar con toda la casa. En ese año 1962, restauró la parte que era la casa habitación (donde ahora nos encontramos), le cambió piso a las habitaciones, al corredor y regresó a vivir a esta casa en donde nació y estuvo aquí hasta que falleció el 8 de septiembre de 1999. Ella fue la única de sus hermanos que nació, vivió y falleció en esta propiedad”

Hay otra ficha, dedicada a la memoria de don Samuel Torre Moreno, quien nació en 1872 y murió en 1935:

“Fue quien disfrutó esta casa junto con su familia. Ya que le colocó en el año 1912, las molduras localizadas debajo de las vigas en el pórtico, corredor y comedor. En ese mismo año construyó un oratorio, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Se localizaba a un costado del patio central.Adquirió una bomba de viento para sacar agua del pozo, así como colocó un pararrayos con el sistema que utilizó Benjamin Franklin para inventar ese aparato. Dicho pararrayos sigue funcionando”

Isaac Díaz de la Torre, heredero de este linaje, cuenta en estas fichas que la Casa de las Toronjas guarda otro dato curioso que incluso abona a la narrativa industrial y láctea de la región tulancinguense. Resulta que don Samuel estableció en 1915 una fábrica de queso al fondo de esta casa y “contrató a un alemán y a un holandés para elaborar y surtir de queso a Europa que estaba en la Primera Guerra Mundial”.

De ser así, nuestra discreta pero histórica casa de la Primero de Mayo y que hoy día es un sitio donde se renta espacio a financieras, bares o restaurantes, sería nada más y nada menos, que la primera fábrica de quesos que se fundó en Tulancingo.


Sobre la calle Primero de Mayo, una de las que alberga mayor número de edificios históricos en el corazón de Tulancingo, reposa desde hace más de un siglo, una de las casas que otrora albergó la primera sede teatral que hubo en esta ciudad. También este recinto fue la primera escuela de artes escénicas de la región, de hecho, la historia señala que aquí se montaron operetas y obras que llegaron desde el Viejo Continente para deleite de tulancinguenses.

¿Por qué se llama la Casa de las Toronjas?

Hoy en día le llaman la Casa de las Toronjas, mote que se le impuso en la segunda mitad del siglo XX en honor a un frondoso árbol de toronjas que se alza a la mitad de su patio principal, como testigo de los años que componen su historia y que hasta el día de hoy mantiene la identidad de este particular recinto cuyo origen se remonta probablemente a las épocas antes del Porfiriato, en pleno siglo XIX.

Importante recinto teatral

Al respecto, Felipe Carrillo, uno de los historiadores de Tulancingo, contó que la Casa de las Toronjas fue un importante polo cultural en las épocas previas a la Revolución e incluso luego de que terminó la guerra, al ser adquirida por Samuel de la Torre Moreno en 1905.

“Él fue el precursor del teatro en Tulancingo, eso es lo importante de esta casa. Ahí preparaba a varios ciudadanos que después daban funciones en los teatros de la ciudad, como en el Teatro Guillermo Prieto o en el Teatro del Cine Olimpia. Era una persona tan visionaria, que antes de la Revolución mandaba traer de Europa distintas operetas, partituras y libretos para que se presentaran aquí en Tulancingo”, relata el también escritor y compositor.

La escuela de teatro, según narra, estaba al interior de la casona. Aunque no era común que las funciones de teatro fueran en este sitio, aquí se forjó una gran cantidad de actores y actrices. De hecho, también se organizaban puestas en escena para recaudar fondos para causas difíciles: desastres naturales, inundaciones y hasta se hizo una función de gala para acopio de fondos cuando se trazaba apenas la vía federal México-Tuxpan, en la primera mitad del siglo XX.

Vestigios arquitectónicos en este hermoso lugar

Actualmente aún es posible conocer un poco de la estructura original, aunque el devenir de los años pasa lentamente factura al edificio. Tres pinturas al fresco en su recibimiento principal están grafiteadas, sus portones apolillados y muchas de las vigas y candelabros manifiestan a simple vista afectaciones por humedad. No obstante, para los amantes de los edificios antiguos o hasta de la arquitectura, la Casa de las Toronjas otorga un agradable rato de lectura estructural.

Fuertes remates de influencia árabe, producto del paso de los libaneses por Tulancingo; ventanales amplios, un patio coronado por arcos y colores contrastantes que recuerdan aquellas épocas de un México que solo conocimos a través de las anécdotas de nuestros abuelos.

El pasillo de acceso al segundo patio es resguardado por un colorido vitral, que en perspectiva, imprime a las toronjas colgantes de un psicodélico fondo. Aves viven en el patio principal, sede de una conocida cafetería en la que sirven snacks, pizzas, guajolotes, entre otros deleites.

Sobre las paredes de la portada, en el patio principal, hay dos ilustraciones, cada una corresponde a los antiguos dueños de la Casa. Primero, doña Consuelo de la Torre Mancera, de quien en una ficha informativa que aquí reposa se cuenta que:

“Al morir mi abuelo Samuel; mi mamá fue una de las tres herederas de esta casa. A ella le correspondió el terreno ubicado al fondo de la propiedad, en donde estaba el jardín y el teatro. Tuvo la osadía de construir a partir del año 1948, 12 casas en su terreno y en 1962, compró a mis tías Virginia y Clara Luz, sus partes y se volvió a quedar con toda la casa. En ese año 1962, restauró la parte que era la casa habitación (donde ahora nos encontramos), le cambió piso a las habitaciones, al corredor y regresó a vivir a esta casa en donde nació y estuvo aquí hasta que falleció el 8 de septiembre de 1999. Ella fue la única de sus hermanos que nació, vivió y falleció en esta propiedad”

Hay otra ficha, dedicada a la memoria de don Samuel Torre Moreno, quien nació en 1872 y murió en 1935:

“Fue quien disfrutó esta casa junto con su familia. Ya que le colocó en el año 1912, las molduras localizadas debajo de las vigas en el pórtico, corredor y comedor. En ese mismo año construyó un oratorio, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Se localizaba a un costado del patio central.Adquirió una bomba de viento para sacar agua del pozo, así como colocó un pararrayos con el sistema que utilizó Benjamin Franklin para inventar ese aparato. Dicho pararrayos sigue funcionando”

Isaac Díaz de la Torre, heredero de este linaje, cuenta en estas fichas que la Casa de las Toronjas guarda otro dato curioso que incluso abona a la narrativa industrial y láctea de la región tulancinguense. Resulta que don Samuel estableció en 1915 una fábrica de queso al fondo de esta casa y “contrató a un alemán y a un holandés para elaborar y surtir de queso a Europa que estaba en la Primera Guerra Mundial”.

De ser así, nuestra discreta pero histórica casa de la Primero de Mayo y que hoy día es un sitio donde se renta espacio a financieras, bares o restaurantes, sería nada más y nada menos, que la primera fábrica de quesos que se fundó en Tulancingo.


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