/ martes 21 de enero de 2020

La pobreza de la riqueza

Eduardo Galeano escribió al inicio de una de sus obras más importantes “Las venas abiertas de América Latina”, una estremecedora frase surgida a partir del estudio que realizó de los impactos que generó la dominación europea en nuestro continente: “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”.

Galeano afirmó que América Latina se había especializado en perder desde el descubrimiento del continente en el siglo XV, la conquista sufrida a manos de los europeos, posteriormente el dominio que ha ejercido Estados Unidos de América sobre el resto del continente.

Recordé este libro la semana pasada, el jueves 16, durante la conmemoración del 151 aniversario de la erección del Estado de Hidalgo. Galeano escribió: “Nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros”, mientras analizaba las razones del declive de importantes ciudades cuya riqueza fue saqueada: Potosí, Zacatecas y Ouro Preto; agregaría también, Pachuca.

El distrito minero Real de Monte y Pachuca ha sido muy importante en términos de producción a lo largo de nuestra historia, desde los tiempos prehispánicos, el virreinato y finalmente hasta nuestros días. La fama de la riqueza de Pachuca proviene desde el siglo XVII, refirió Fray Agustín Betancourt en su libro "Teatro Mexicano" cuando señaló que los turcos de Jerusalén no aceptaban ninguna barra de plata sin la marca de Pachuca en el lingote, incluso se dice que el término“pachocha” proviene del imperio Otomano por tergiversar el nombre de Pachuca.

La cercanía de Pachuca con la Ciudad de México fue perjudicial para el desarrollo de la primera; a pesar de ser durante muchos años el principal poblado productor de plata del Virreinato, los dueños de las minas preferían construir sus residencias en la capital, situación que explica la carencia de edificios virreinales en nuestra ciudad, en comparación con otros centros mineros.

Las crónicas relatan que a pesar de las voluminosas cantidades de minerales preciosos que el distrito minero exportaba a España, a principios del siglo XVII, Pachuca estaba conformada por: “200 casas de adobe cubiertas con techo de tejamanil, con una iglesia parroquial de adobe de Nuestra Señora de la Asunción y un convento de San Francisco”.

Una historia similar, la de Potosí en Bolivia, una ciudad inmensamente rica, su oro y plata llenaron los palacios de Europa y financiaron también sus guerras; solía decir el virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza, que Potosí era el nervio principal del imperio. Los siglos de saqueo y derroche propiciaron que hoy en día la mitad de la población de Potosí viva en pobreza extrema. Actualmente en Hidalgo el 43.8% de los ciudadanos también viven en situación de pobreza.

En el marco de la conmemoración por el 151 aniversario de la expedición del decreto que creó al Estado de Hidalgo, es importante reflexionar sobre nuestro pasado para tratar de entender un poco mejor el presente de nuestro continente a partir de los patrones que hermanan a los pueblos de las naciones y las ciudades que algunas veces fueron territorios coloniales europeos.

Hidalgo, México y Latinoamérica continúan poseyendo una enorme riqueza, depositada en sus territorios, sus habitantes y su cultura. A partir del análisis de los flagelos que hemos padecido durante siglos, podemos construir una agenda de desarrollo sustentable y sostenible que nos beneficie por generaciones, invirtiendo el círculo vicioso al que refiere Galeano. Es momento de hacerlo Hidalgo.

Eduardo Galeano escribió al inicio de una de sus obras más importantes “Las venas abiertas de América Latina”, una estremecedora frase surgida a partir del estudio que realizó de los impactos que generó la dominación europea en nuestro continente: “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”.

Galeano afirmó que América Latina se había especializado en perder desde el descubrimiento del continente en el siglo XV, la conquista sufrida a manos de los europeos, posteriormente el dominio que ha ejercido Estados Unidos de América sobre el resto del continente.

Recordé este libro la semana pasada, el jueves 16, durante la conmemoración del 151 aniversario de la erección del Estado de Hidalgo. Galeano escribió: “Nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros”, mientras analizaba las razones del declive de importantes ciudades cuya riqueza fue saqueada: Potosí, Zacatecas y Ouro Preto; agregaría también, Pachuca.

El distrito minero Real de Monte y Pachuca ha sido muy importante en términos de producción a lo largo de nuestra historia, desde los tiempos prehispánicos, el virreinato y finalmente hasta nuestros días. La fama de la riqueza de Pachuca proviene desde el siglo XVII, refirió Fray Agustín Betancourt en su libro "Teatro Mexicano" cuando señaló que los turcos de Jerusalén no aceptaban ninguna barra de plata sin la marca de Pachuca en el lingote, incluso se dice que el término“pachocha” proviene del imperio Otomano por tergiversar el nombre de Pachuca.

La cercanía de Pachuca con la Ciudad de México fue perjudicial para el desarrollo de la primera; a pesar de ser durante muchos años el principal poblado productor de plata del Virreinato, los dueños de las minas preferían construir sus residencias en la capital, situación que explica la carencia de edificios virreinales en nuestra ciudad, en comparación con otros centros mineros.

Las crónicas relatan que a pesar de las voluminosas cantidades de minerales preciosos que el distrito minero exportaba a España, a principios del siglo XVII, Pachuca estaba conformada por: “200 casas de adobe cubiertas con techo de tejamanil, con una iglesia parroquial de adobe de Nuestra Señora de la Asunción y un convento de San Francisco”.

Una historia similar, la de Potosí en Bolivia, una ciudad inmensamente rica, su oro y plata llenaron los palacios de Europa y financiaron también sus guerras; solía decir el virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza, que Potosí era el nervio principal del imperio. Los siglos de saqueo y derroche propiciaron que hoy en día la mitad de la población de Potosí viva en pobreza extrema. Actualmente en Hidalgo el 43.8% de los ciudadanos también viven en situación de pobreza.

En el marco de la conmemoración por el 151 aniversario de la expedición del decreto que creó al Estado de Hidalgo, es importante reflexionar sobre nuestro pasado para tratar de entender un poco mejor el presente de nuestro continente a partir de los patrones que hermanan a los pueblos de las naciones y las ciudades que algunas veces fueron territorios coloniales europeos.

Hidalgo, México y Latinoamérica continúan poseyendo una enorme riqueza, depositada en sus territorios, sus habitantes y su cultura. A partir del análisis de los flagelos que hemos padecido durante siglos, podemos construir una agenda de desarrollo sustentable y sostenible que nos beneficie por generaciones, invirtiendo el círculo vicioso al que refiere Galeano. Es momento de hacerlo Hidalgo.