/ sábado 23 de diciembre de 2023

Dolly y su nacimiento, recuerdo de valores familiares en Navidad

Con 40 años de mantener la tradición, la tulancinguense muestra en su Nacimiento los pasajes más importantes de la vida de Jesucristo, no solo la Natividad.

Simplemente no hay palabras que hagan justicia al encanto y pasión que irradian del Nacimiento de Dolly, una tulancinguense que lleva al menos 40 años montando otro de los nacimientos tradicionales más grandes que hay en esta ciudad. De hecho, en el pasado fue galardonada por tal hazaña, en una pasada edición de un certamen de nacimientos que impulsó el gobierno local. Sin embargo, ella asegura que este ejercicio de fe y amor nada tienen que ver con presunciones: para María Dolores Samperio su nacimiento representa la remembranza por los valores familiares, el amor a Dios y las enseñanzas que mantienen una sana convivencia entre los habitantes de nuestra ciudad.

Resultado del trabajo casi artesanal de 20 días previos a diciembre, su Nacimiento se nos presenta imponente, ante un arco cargado de luces, esferas, guirnaldas navideñas y por supuesto decenas de figuras de Santa Claus que lucen por cualquier rincón de su hogar.

Entrar a su casa, en la cual nos recibió amablemente y hasta con taza de ponche en mano, es como cruzar el umbral que te lleva a los más profundos recuerdos de las Navidades pasadas, en compañía de tus abuelos, primos, hermanos y padres. Esas Navidades en que estaban todos, en plena armonía y felicidad. Y no es que esos festejos nostálgicos se hayan ido, pero admirar el nacimiento que monta Dolly es como una ventana que reconecta nuestras neuronas a los anhelados años de inocencia y niñez.

Dolores nos cuenta primero que esta tradición viene desde su abuelita, con quien recuerda haber tenido las primeras conversaciones que ella le contaba a través de parábolas de Cristo. Y es que es con ese particular recurso retórico (el de las parábolas) que Dolly se dispuso a explicar uno a uno los más de 35 pasajes bíblicos que escenifica en un amplio rincón de su sala de estar, allá en su casa de la colonia Real de Minas.

“Este nacimiento representa para mí el amor que siento por Dios, por las enseñanzas de su hijo que a muchos ya se les olvidaron (...) la gente viene a verlo y yo no lo pongo para presumir, caray, es la historia de Jesús, es la vida de Jesús”, express con ferviente devoción.

Son varios pisos ensamblados entre ella y su hija, cubiertos por supuesto con lucecitas navideñas, heno, entre otros detalles que dan vida a este amplio abanico de historias y que en suma representan solo una: la de la vida de Jesucristo. Para explicar cada uno de los episodios, Dolly coloca letreros para que el espectador reconozca, por ejemplo, al profeta Simeón, quien anunció la llegada del Mesías; o la visita de María Virgen a su prima Isabel, quien emitió la tan famosa sentencia “bendito el fruto de tu vientre”; o los milagros de Jesús, como el de las Bodas de Caná, o la resurrección de Lázaro.

También encontramos la Última Cena, la presentación de Jesús en el templo, la huida de José y María, las posadas y coronando el ensamble, el Nacimiento de Jesucristo. Pastores, los Reyes Magos y sus animales, así como varios de los apóstoles de Cristo integran este andar por la biografía del Mesías, la cual tuvo a bien contarnos para comprender cómo está montado todo.

Aunque nunca ha contado el total de figuras que integran su exhibición, ella narra que todas tienen su historia e identidad, pues las ha ido recopilando a lo largo de su vida en viajes, visitas a otros estados, etcétera. Otras son reliquias familiares, como uno de los varios niñitos Dios que engalanan el montaje. Esta es probablemente la pieza más antaña de todas, pues pertenecía a su abuela y estima que la conserva en su casa desde hace 80 años, al menos.

Pese a lo anterior, tal parece que hay un mensaje profundo detrás de todo este ritual que año con año se vuelve el centro de las miradas para propios y extraños. Este es un proyecto de vida que le fue heredado por su abuelita y su madre hace muchos años, sin que ella supiera entonces que se convertiría en uno de los legados de su linaje. Ahora ella lo comparte y transmite con su hija Vianey Rivera Samperio, sin dejar claro de dirigir esta “orquesta”.

“Yo le pido a Dios que me dé fuerzas para seguirlo poniendo (...) Es algo que me llena, estas fechas dan tristeza y nostalgia, pero esto me llena mucho. Yo quiero decirle a los que se han alejado de Dios que no pierdan la fe, que no se olviden que están en los brazos de Jesús y que no olviden que en la vida hay que dar gracias hasta por lo malo, pues es una advertencia de algo peor. Todo en la vida es una enseñanza”, concluyó mientras sonreía.

Simplemente no hay palabras que hagan justicia al encanto y pasión que irradian del Nacimiento de Dolly, una tulancinguense que lleva al menos 40 años montando otro de los nacimientos tradicionales más grandes que hay en esta ciudad. De hecho, en el pasado fue galardonada por tal hazaña, en una pasada edición de un certamen de nacimientos que impulsó el gobierno local. Sin embargo, ella asegura que este ejercicio de fe y amor nada tienen que ver con presunciones: para María Dolores Samperio su nacimiento representa la remembranza por los valores familiares, el amor a Dios y las enseñanzas que mantienen una sana convivencia entre los habitantes de nuestra ciudad.

Resultado del trabajo casi artesanal de 20 días previos a diciembre, su Nacimiento se nos presenta imponente, ante un arco cargado de luces, esferas, guirnaldas navideñas y por supuesto decenas de figuras de Santa Claus que lucen por cualquier rincón de su hogar.

Entrar a su casa, en la cual nos recibió amablemente y hasta con taza de ponche en mano, es como cruzar el umbral que te lleva a los más profundos recuerdos de las Navidades pasadas, en compañía de tus abuelos, primos, hermanos y padres. Esas Navidades en que estaban todos, en plena armonía y felicidad. Y no es que esos festejos nostálgicos se hayan ido, pero admirar el nacimiento que monta Dolly es como una ventana que reconecta nuestras neuronas a los anhelados años de inocencia y niñez.

Dolores nos cuenta primero que esta tradición viene desde su abuelita, con quien recuerda haber tenido las primeras conversaciones que ella le contaba a través de parábolas de Cristo. Y es que es con ese particular recurso retórico (el de las parábolas) que Dolly se dispuso a explicar uno a uno los más de 35 pasajes bíblicos que escenifica en un amplio rincón de su sala de estar, allá en su casa de la colonia Real de Minas.

“Este nacimiento representa para mí el amor que siento por Dios, por las enseñanzas de su hijo que a muchos ya se les olvidaron (...) la gente viene a verlo y yo no lo pongo para presumir, caray, es la historia de Jesús, es la vida de Jesús”, express con ferviente devoción.

Son varios pisos ensamblados entre ella y su hija, cubiertos por supuesto con lucecitas navideñas, heno, entre otros detalles que dan vida a este amplio abanico de historias y que en suma representan solo una: la de la vida de Jesucristo. Para explicar cada uno de los episodios, Dolly coloca letreros para que el espectador reconozca, por ejemplo, al profeta Simeón, quien anunció la llegada del Mesías; o la visita de María Virgen a su prima Isabel, quien emitió la tan famosa sentencia “bendito el fruto de tu vientre”; o los milagros de Jesús, como el de las Bodas de Caná, o la resurrección de Lázaro.

También encontramos la Última Cena, la presentación de Jesús en el templo, la huida de José y María, las posadas y coronando el ensamble, el Nacimiento de Jesucristo. Pastores, los Reyes Magos y sus animales, así como varios de los apóstoles de Cristo integran este andar por la biografía del Mesías, la cual tuvo a bien contarnos para comprender cómo está montado todo.

Aunque nunca ha contado el total de figuras que integran su exhibición, ella narra que todas tienen su historia e identidad, pues las ha ido recopilando a lo largo de su vida en viajes, visitas a otros estados, etcétera. Otras son reliquias familiares, como uno de los varios niñitos Dios que engalanan el montaje. Esta es probablemente la pieza más antaña de todas, pues pertenecía a su abuela y estima que la conserva en su casa desde hace 80 años, al menos.

Pese a lo anterior, tal parece que hay un mensaje profundo detrás de todo este ritual que año con año se vuelve el centro de las miradas para propios y extraños. Este es un proyecto de vida que le fue heredado por su abuelita y su madre hace muchos años, sin que ella supiera entonces que se convertiría en uno de los legados de su linaje. Ahora ella lo comparte y transmite con su hija Vianey Rivera Samperio, sin dejar claro de dirigir esta “orquesta”.

“Yo le pido a Dios que me dé fuerzas para seguirlo poniendo (...) Es algo que me llena, estas fechas dan tristeza y nostalgia, pero esto me llena mucho. Yo quiero decirle a los que se han alejado de Dios que no pierdan la fe, que no se olviden que están en los brazos de Jesús y que no olviden que en la vida hay que dar gracias hasta por lo malo, pues es una advertencia de algo peor. Todo en la vida es una enseñanza”, concluyó mientras sonreía.

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