/ lunes 20 de mayo de 2024

Terapia familiar desplazó a la de “conversión”: Investigador

Ahora las familias buscan asesoría terapéutica para entender, arropar y apoyar de la mejor manera la homosexualidad de menores 

Con el tiempo la sociedad evolucionó y existe mayor aceptación de la diversidad sexual, pues mientras que a mitad del siglo XX eran con terapias de conversión como se enfrentaba la homosexualidad de un menor, ahora son mediante terapias familiares con las que se acepta y entiende de forma asertiva.

Así lo señaló el profesor investigador de tiempo completo de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), David Jiménez Rodríguez, quien señaló que no hay cifras respecto a personas que son sometidas o buscan las terapias de conversión, pues pueden buscarlas en el sector público o privado y un monitoreo al respecto no resultaría efectivo.

Entrevistado en el marco del Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia celebrada el pasado 17 de mayo, día en que se conmemora la eliminación de la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales por parte de la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud, el investigado indicó:

“No se puede ir en contra de la naturaleza humana. En cambio, ahora son más los adolescente o papás que buscan el asesoramiento psicológico para entender y conocer sobre el tema, principalmente en menores de edad, y abordarlo desde una manera asertiva”.

En relación con que en 2022 en Hidalgo el Congreso aprobó la prohibición de las llamadas ECOSIG (Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual e Identidad de Género), explicó que aunque no ha recibido pacientes sometidos a esa tortura o padres que aún busquen “convertir” a sus hijos, ha notado que ahora optan por terapia familiar para abordar de mejor manera la diversidad sexual para aceptar y entender.

Sobre esto último, planteó que si bien reconoce que la apertura hacia lo diferente o nuevo se va normalizando cada día, observa que aún hay algunas personas que se resisten a este cambio, explicando que eso es normal en las generaciones, pues cada una ha afrontado nuevas formar de vivir, como ocurrió con el matrimonio igualitario.

“Algo igual con lo que debemos trabajar es sobre nuestras expectativas, pues el rechazo hacia nuestros hijos con preferencias sexuales viene porque desde que los estamos esperando e imaginamos su vida como a nosotros nos gustaría, entonces cuando crecen y son lo opuesto nos sentimos defraudados, pero es problema nuestro, no de ellos. Pero nuestros hijos igual deben entender y aceptar que no siempre seremos aceptados por la sociedad y eso está bien también”, explicó el investigador.

Respecto a cómo se realizaban estas terapias de conversión, citó de ejemplo el film titulado “La Naranja Mecánica”, en la que a través de terapias conductuales (no cognitivas), hacían a través del dolor o toques, que las personas hicieran o no lo que creían correcto.

“Se realizaron con mayor frecuencia durante la primera mitad del siglo XX, en esos momentos no se respetaban los derechos humanos y se transgredió la libertad individual. Se llamaba lobotomía y les ponían un casco con el que les daban toques”.

Las consecuencias de estas torturas podían ir desde el temor a relacionarse hasta el resentimiento social y familiar, además de baja autoestima y traumas psicológicos.

Por último, a manera de recomendación y aunque, dijo, suene a cliché, recomendó a la población en general pasar tiempo de calidad con sus familiares directos, pues aunque comparten espacios de convivencia, en realidad poco se habla de temas de importancia, como lo es la sexualidad.


Con el tiempo la sociedad evolucionó y existe mayor aceptación de la diversidad sexual, pues mientras que a mitad del siglo XX eran con terapias de conversión como se enfrentaba la homosexualidad de un menor, ahora son mediante terapias familiares con las que se acepta y entiende de forma asertiva.

Así lo señaló el profesor investigador de tiempo completo de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), David Jiménez Rodríguez, quien señaló que no hay cifras respecto a personas que son sometidas o buscan las terapias de conversión, pues pueden buscarlas en el sector público o privado y un monitoreo al respecto no resultaría efectivo.

Entrevistado en el marco del Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia celebrada el pasado 17 de mayo, día en que se conmemora la eliminación de la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales por parte de la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud, el investigado indicó:

“No se puede ir en contra de la naturaleza humana. En cambio, ahora son más los adolescente o papás que buscan el asesoramiento psicológico para entender y conocer sobre el tema, principalmente en menores de edad, y abordarlo desde una manera asertiva”.

En relación con que en 2022 en Hidalgo el Congreso aprobó la prohibición de las llamadas ECOSIG (Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual e Identidad de Género), explicó que aunque no ha recibido pacientes sometidos a esa tortura o padres que aún busquen “convertir” a sus hijos, ha notado que ahora optan por terapia familiar para abordar de mejor manera la diversidad sexual para aceptar y entender.

Sobre esto último, planteó que si bien reconoce que la apertura hacia lo diferente o nuevo se va normalizando cada día, observa que aún hay algunas personas que se resisten a este cambio, explicando que eso es normal en las generaciones, pues cada una ha afrontado nuevas formar de vivir, como ocurrió con el matrimonio igualitario.

“Algo igual con lo que debemos trabajar es sobre nuestras expectativas, pues el rechazo hacia nuestros hijos con preferencias sexuales viene porque desde que los estamos esperando e imaginamos su vida como a nosotros nos gustaría, entonces cuando crecen y son lo opuesto nos sentimos defraudados, pero es problema nuestro, no de ellos. Pero nuestros hijos igual deben entender y aceptar que no siempre seremos aceptados por la sociedad y eso está bien también”, explicó el investigador.

Respecto a cómo se realizaban estas terapias de conversión, citó de ejemplo el film titulado “La Naranja Mecánica”, en la que a través de terapias conductuales (no cognitivas), hacían a través del dolor o toques, que las personas hicieran o no lo que creían correcto.

“Se realizaron con mayor frecuencia durante la primera mitad del siglo XX, en esos momentos no se respetaban los derechos humanos y se transgredió la libertad individual. Se llamaba lobotomía y les ponían un casco con el que les daban toques”.

Las consecuencias de estas torturas podían ir desde el temor a relacionarse hasta el resentimiento social y familiar, además de baja autoestima y traumas psicológicos.

Por último, a manera de recomendación y aunque, dijo, suene a cliché, recomendó a la población en general pasar tiempo de calidad con sus familiares directos, pues aunque comparten espacios de convivencia, en realidad poco se habla de temas de importancia, como lo es la sexualidad.


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