/ lunes 17 de julio de 2023

Acatlán, de territorio azteca a ser del ejército de Independencia 

Ubicado en el Valle de Tulancingo y conocido por ser uno de los principales referentes en producción quesera y láctea

Conocido por su vasta producción quesera, misma que es el epicentro de su expo feria anual y donde el año pasado incluso se batió el récord por la creación del queso Oaxaca más grande del país, Acatlán es uno de esos municipios hidalguenses que dada su condición geográfica se vuelve tierra de paso entre el Valle de Tulancingo y el Corredor de la Montaña, pues conecta con Huasca de Ocampo.

Sin embargo, dicha característica no lo priva de gozar de una historia interesante, la cual nos remonta incluso a la época de las culturas mesoamericanas en nuestro país. Su nombre deriva de las raíces náhuatl acatl "caña", y lan "junto a", por lo que se traduce como "junto a las cañas" o "cañaveral", condición que se manifiesta en sus distintos cuerpos de agua como el de la Laguna de Zupitlán, por ejemplo. Aunque poco se sabe de sus primeros años como asentamiento humano, tal cual sucedió con Tulancingo, Acatlán era tierra dominada por el imperio mexica, fundado como asentamiento en 1518, a tres años de la llegada de los españoles.

A cargo del conquistador Pedro de Paz, el dominio acatlense comprendía entonces los municipios vecinos de Huasca y Atotonilco, pues se conoce que este último era regente sobre un pueblo de al menos 211 casas indígenas, en su mayoría otomíes. Luego fue turno de la encomendada por la Corona, doña Francisca Ferrer y para 1564 de Domingo de Alvarado, eje fundamental para el entendimiento de la división política y también ferviente católica en la zona; se presume que el delimitó el poblado de San Miguel Acatlán dividido a su vez en Santo Domingo, Santa María y San Agustín.

El poderío español en la región, cimentado sobre el despojo territorial a los indígenas nativos, evolucionó hasta convertir a Acatlán en un pueblo de haciendas, tal cual lo fue Huasca de Ocampo. De hecho fue a finales del siglo XVI cuando se fundaron las haciendas de Totoapa, Mixquiapan, Zupitlán, Tepenacasco y Cacaloapan. Sin embargo, derivado de esta "expropiación", habría muchos episodios de guerras en ese periodo, así lo narra el memorial histórico del municipio que se rescató para el sitio web de la administración actual:

"Con este hecho comienza una larga lista de despojos e invasiones sobre las tierras de los naturales, siendo los mayores el casco de la hacienda de Zupitlán propiedad de Alfonso Flores de Valdéz, en 1725, y el de la hacienda de Totoapa propiedad de Onofre Gil Barragán, en 1752. Todas estas arbitrariedades promovieron que el pueblo de Acatlán se anexara a las causas insurgentes en la lucha por la Independencia"

Este suceso sería crucial para el avance de las tropas insurgentes por el centro del país durante la Guerra de Independencia, pues de Acatlán emanaban cientos de soldados -todos ellos indígenas- que se sumaron a la ocupación de Tulancingo en 1821, cuando el general Nicolás Bravo se asentó ahí y previo a la firma del Acta de Independencia y la entrada triunfal del Ejército Trigarante en la Ciudad de México, hecho que consumaría la liberación nacional tras once años de intensa movilización bélica.

Acatlán asimismo fue uno de los bastiones para la propaganda liberal durante los tiempos de la Guerra de Reforma y el mandato de Benito Juárez: "en el mes de mayo de 1853, el gobernador liberal de Michoacán, Melchor Ocampo residió en Acatlán tras su confinamiento en la ciudad de Tulancingo. Durante un mes promovió algunos talleres de oficios y sobre todo las ideas de liberalismo entre los pobladores", enuncia el relato histórico.


Conocido por su vasta producción quesera, misma que es el epicentro de su expo feria anual y donde el año pasado incluso se batió el récord por la creación del queso Oaxaca más grande del país, Acatlán es uno de esos municipios hidalguenses que dada su condición geográfica se vuelve tierra de paso entre el Valle de Tulancingo y el Corredor de la Montaña, pues conecta con Huasca de Ocampo.

Sin embargo, dicha característica no lo priva de gozar de una historia interesante, la cual nos remonta incluso a la época de las culturas mesoamericanas en nuestro país. Su nombre deriva de las raíces náhuatl acatl "caña", y lan "junto a", por lo que se traduce como "junto a las cañas" o "cañaveral", condición que se manifiesta en sus distintos cuerpos de agua como el de la Laguna de Zupitlán, por ejemplo. Aunque poco se sabe de sus primeros años como asentamiento humano, tal cual sucedió con Tulancingo, Acatlán era tierra dominada por el imperio mexica, fundado como asentamiento en 1518, a tres años de la llegada de los españoles.

A cargo del conquistador Pedro de Paz, el dominio acatlense comprendía entonces los municipios vecinos de Huasca y Atotonilco, pues se conoce que este último era regente sobre un pueblo de al menos 211 casas indígenas, en su mayoría otomíes. Luego fue turno de la encomendada por la Corona, doña Francisca Ferrer y para 1564 de Domingo de Alvarado, eje fundamental para el entendimiento de la división política y también ferviente católica en la zona; se presume que el delimitó el poblado de San Miguel Acatlán dividido a su vez en Santo Domingo, Santa María y San Agustín.

El poderío español en la región, cimentado sobre el despojo territorial a los indígenas nativos, evolucionó hasta convertir a Acatlán en un pueblo de haciendas, tal cual lo fue Huasca de Ocampo. De hecho fue a finales del siglo XVI cuando se fundaron las haciendas de Totoapa, Mixquiapan, Zupitlán, Tepenacasco y Cacaloapan. Sin embargo, derivado de esta "expropiación", habría muchos episodios de guerras en ese periodo, así lo narra el memorial histórico del municipio que se rescató para el sitio web de la administración actual:

"Con este hecho comienza una larga lista de despojos e invasiones sobre las tierras de los naturales, siendo los mayores el casco de la hacienda de Zupitlán propiedad de Alfonso Flores de Valdéz, en 1725, y el de la hacienda de Totoapa propiedad de Onofre Gil Barragán, en 1752. Todas estas arbitrariedades promovieron que el pueblo de Acatlán se anexara a las causas insurgentes en la lucha por la Independencia"

Este suceso sería crucial para el avance de las tropas insurgentes por el centro del país durante la Guerra de Independencia, pues de Acatlán emanaban cientos de soldados -todos ellos indígenas- que se sumaron a la ocupación de Tulancingo en 1821, cuando el general Nicolás Bravo se asentó ahí y previo a la firma del Acta de Independencia y la entrada triunfal del Ejército Trigarante en la Ciudad de México, hecho que consumaría la liberación nacional tras once años de intensa movilización bélica.

Acatlán asimismo fue uno de los bastiones para la propaganda liberal durante los tiempos de la Guerra de Reforma y el mandato de Benito Juárez: "en el mes de mayo de 1853, el gobernador liberal de Michoacán, Melchor Ocampo residió en Acatlán tras su confinamiento en la ciudad de Tulancingo. Durante un mes promovió algunos talleres de oficios y sobre todo las ideas de liberalismo entre los pobladores", enuncia el relato histórico.


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