/ domingo 7 de abril de 2024

No hubo análisis antes de la demolición del Centro SCOP

A cinco meses de trabajos en el Centro SCOP, el Seminario de Investigación del sitio de la UNAM, conserva los resultados de sus estudios, sin que ninguna autoridad los haya consultado

Toneladas de escombros y estructuras parcialmente destruidas predominan en el paisaje sobre lo que queda del Centro SCOP, cuya demolición comenzó en noviembre de 2023, por indicaciones de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), la Secretaría de Cultura y el gobierno de la CDMX, tras decidir su inevitable destrucción a causa de las afectaciones ocurridas durante los sismos de septiembre de 2017.

A cinco meses del arranque de dichas labores, que darán paso a la construcción del Parque del Muralismo Mexicano, la doctora en Arquitectura, Elisa Drago, miembro del Seminario de Investigación sobre el Centro SCOP de la UNAM, señala que no se realizaron los estudios históricos necesarios para la intervención de este espacio. Esto, pese a que académicos universitarios y sociedad civil organizada advirtieron de la pertinencia de su realización y pidieron la trasparencia de los dictámenes que establecían la demolición como única alternativa.

“Nunca nadie se acercó para entender cómo se habían construido los edificios, a pesar de que les mencionamos a las autoridades la existencia de los documentos que narraban la historia de la construcción, los cuales se tenían que tomar en cuenta para cualquier decisión, ya fuera la modificación estructural o, como fue la decisión técnica final, que nunca conocimos, o por lo menos yo no la conozco y al parecer tampoco los habitantes del conjunto habitacional, de demoler”, afirma la arquitecta Elisa Drago, en entrevista con El Sol de México.

Drago coordina el Acervo de Arquitectura Mexicana de la Facultad de Arquitectura, donde se encuentran los documentos, dentro del Fondo Augusto Pérez Palacios. Hasta ahora, asegura, sólo la empresa encargada de la remoción de los murales del centro (CAV Diseño e Ingeniería S.A. de C.V), fue la que, en diciembre de 2023, se acercó para conocer el archivo, aunque la demolición del conjunto ya se encontraba notoriamente avanzada.

La demolición fue autorizada por la Comisión para la Reconstrucción de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, el 2 de agosto de 2023, según el oficio JGCDMX/CRCM/361/2023, firmado por la licenciada Jabnely Maldonado Meza, y dirigido a la directora general de Recursos Materiales Unidad de Administración y Finanzas de la SICT, Damaris Flores Ortiz.

Los murales del edificio FOTO: Roberto Hernández

OTRAS SOLUCIONES POR ESTUDIAR

En febrero de este año, la arquitecta Drago publicó en la revista electrónica Imágenes, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, el artículo “Desde sus entrañas: Radiografía del Centro SCOP”, en el que realiza un repaso histórico de la construcción del complejo arquitectónico, basado en sus fuentes primarias, completamente inéditas, del acervo bajo su cargo.

Redactado previo a la demolición, como parte de las actividades que realiza el seminario al que pertenece, en el artículo, la investigadora pone en evidencia hallazgos que dan información sobre las fallas que pudieron presentar las estructuras del Centro SCOP, pero que, a su vez, podrían haber sido útiles para su arreglo y conservación.

Entre ellas, que su diseño, hecho por el arquitecto Raúl Cacho, fue “adecuado y correcto”, en concordancia con la reglamentación de construcción de 1942. “Como obra negra, todo estaba diseñado y calculado con los saberes y reglamentos de construcciones de la época. Para ese momento estaba muy bien hecho, lo cual podemos constatar en los documentos, que son un expediente muy grande de análisis, cálculos y correcciones, así como planos estructurales, que nos indican que nada se hizo a la ligera”, menciona la arquitecta, que reafirma que no se puede cuestionar la calidad del proyecto arquitectónico original, ejecutado en 1946, con la asesoría y colaboración de los arquitectos Enrique Yáñez y Augusto Pérez Palacios

Toneladas de escombros y estructuras parcialmente destruidas predominan en el paisaje FOTO: Roberto Hernández / El Sol de México

Parte de esas diferencias de reglamento, puntualiza, radican en que, para el momento de la realización de aquella construcción, la capital del país no había experimentado terremotos de tal magnitud con edificios tan grandes; y que, además, se tenía la idea de que el suelo lodoso de la zona lacustre del Valle de México podía mitigar daños causados por sismos, lo cual definió el sistema de cimentación del Centro SCOP, donde se concentraron parte de los estragos del inmueble.

Sobre este hallazgo, se le pregunta a la arquitecta si se trata de un argumento suficiente para justificar la demolición del complejo: “Los que nos dedicamos al mundo de la arquitectura, pero sobre todo a la historia de la construcción, sabemos que hay casos (en la preservación de edificios) en que se realiza sólo la demolición parcial o en que se crean las juntas constructivas necesarias para que no haya choques. Así que había otras soluciones por estudiar, pero siempre con base en entender la historia de lo que está construido”, responde.

NO SÓLO SON LOS MURALES

Otro dato significativo encontrado por la Doctora Drago fue que los seis mil metros cuadrados de murales que tenía el inmueble—los cuales fueron retirados para su conservación— representaban una sobrecarga de mil 440 toneladas de peso adicional en los muros perimetrales y los pilotes del edificio, lo cual podría sugerir, entre otras causas, el por qué de los daños en los soportes de los murales originales embebidos a los muros.

La arquitecta menciona que este sobrepeso se explica porque la construcción al principio no fue pensada como un lugar para la burocracia gubernamental sino para la salud, ya que albergaría el Hospital 2 de Zona, pero su ejecución fue abandonada en 1950, por la carestía general de materiales, que internacionalmente se destinaban a la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

FOTO: Roberto Hernández / El Sol de México

No sería sino hasta1953, con el arquitecto Carlos Lazo —quien había dirigido el proyecto de construcción de Ciudad Universitaria—como titular de la entonces Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP), que se decidió recuperar el espacio abandonado, para la construcción del Centro SCOP, con la idea de hacer una integración de obra plástica.

Al igual que con la estructura, la especialista afirma, como lo han hecho otros integrantes del Seminario al que pertenece, que la distribución de los murales debió permanecer lo más intacta posible. Entre otras razones, porque con el acceso a nuevo material del acervo, especialistas en estética se han dado cuenta de que la narrativa de los murales no es independiente; además de que la construcción del edificio representa una visión política específica de su momento, la urbanización de la zona de Narvarte y la continuidad de una expresión artística de décadas, como es el muralismo.

“Sólo se ha construido una memoria en que el valor es el conjunto de los murales, los altos relieves y las estatuas, sin pensar el valor de integración total que incluye lo urbano, lo arquitectónico y lo artístico. La obra arquitectónica no es sólo el bastidor de la obra pictórica porque la disposición y acomodo de las funciones dentro de la SCOP tenía una correspondencia muy similar de orden de narrativa.

FOTO: Roberto Hernández / El Sol de México

“Eso es lo que hemos tratado de decir. Al pensar que ese es su único valor, daría lo mismo que lo pusieran en un aeropuerto que no se construyó, o en un parque, o que lo lleven a cualquier lado, porque pierde el sentido de su existencia”, agrega la arquitecta.

REACCIÓN EN CADENA

Elisa Drago recuerda que el conjunto habitacional también fue pensado de forma integral con los edificios del Centro SCOP, como viviendas para los trabajadores del mismo. Sin embargo, entre las décadas de los 70 y 80, cambió su régimen de propiedad, por lo que los departamentos se volvieron privados. Por esta razón, afirma, es que no se incluyó como parte de la declaratoria de monumento histórico.

Por haber sido pensado como parte del proyecto del mismo Centro SCOP, Drago advierte que este conjunto habitacional podría sufrir consecuencias, de no realizarse de manera correcta los trabajos de demolición. Principalmente por el sistema de pilotes hincados que sostenían las estructuras del centro, los cuales se pueden contar por miles, y están comenzando a emerger.

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“La conclusión general, con la que terminó esa investigación, es que paren la demolición. Aunque eso ya es inminente y (el edificio) ya se perdió. Pero hay que entender qué es lo que está sucediendo en el subsuelo. Porque sólo han quitado lo que está afuera, pero hay que retirar todo lo que está en el subsuelo.

“Los pitotes están comenzando a emerger y eso es una reacción en cadena, de principios básicos de física: si algo tiene un peso que lo sostiene hincado y se quita, emerge. Eso está generando un abufamiento del terreno que va afectar directamente a las viviendas”, concluye la especialista, quien insiste en la revisión de los documentos originales para la implantación de estrategias con la intención de provocar menores daños.

Toneladas de escombros y estructuras parcialmente destruidas predominan en el paisaje sobre lo que queda del Centro SCOP, cuya demolición comenzó en noviembre de 2023, por indicaciones de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), la Secretaría de Cultura y el gobierno de la CDMX, tras decidir su inevitable destrucción a causa de las afectaciones ocurridas durante los sismos de septiembre de 2017.

A cinco meses del arranque de dichas labores, que darán paso a la construcción del Parque del Muralismo Mexicano, la doctora en Arquitectura, Elisa Drago, miembro del Seminario de Investigación sobre el Centro SCOP de la UNAM, señala que no se realizaron los estudios históricos necesarios para la intervención de este espacio. Esto, pese a que académicos universitarios y sociedad civil organizada advirtieron de la pertinencia de su realización y pidieron la trasparencia de los dictámenes que establecían la demolición como única alternativa.

“Nunca nadie se acercó para entender cómo se habían construido los edificios, a pesar de que les mencionamos a las autoridades la existencia de los documentos que narraban la historia de la construcción, los cuales se tenían que tomar en cuenta para cualquier decisión, ya fuera la modificación estructural o, como fue la decisión técnica final, que nunca conocimos, o por lo menos yo no la conozco y al parecer tampoco los habitantes del conjunto habitacional, de demoler”, afirma la arquitecta Elisa Drago, en entrevista con El Sol de México.

Drago coordina el Acervo de Arquitectura Mexicana de la Facultad de Arquitectura, donde se encuentran los documentos, dentro del Fondo Augusto Pérez Palacios. Hasta ahora, asegura, sólo la empresa encargada de la remoción de los murales del centro (CAV Diseño e Ingeniería S.A. de C.V), fue la que, en diciembre de 2023, se acercó para conocer el archivo, aunque la demolición del conjunto ya se encontraba notoriamente avanzada.

La demolición fue autorizada por la Comisión para la Reconstrucción de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, el 2 de agosto de 2023, según el oficio JGCDMX/CRCM/361/2023, firmado por la licenciada Jabnely Maldonado Meza, y dirigido a la directora general de Recursos Materiales Unidad de Administración y Finanzas de la SICT, Damaris Flores Ortiz.

Los murales del edificio FOTO: Roberto Hernández

OTRAS SOLUCIONES POR ESTUDIAR

En febrero de este año, la arquitecta Drago publicó en la revista electrónica Imágenes, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, el artículo “Desde sus entrañas: Radiografía del Centro SCOP”, en el que realiza un repaso histórico de la construcción del complejo arquitectónico, basado en sus fuentes primarias, completamente inéditas, del acervo bajo su cargo.

Redactado previo a la demolición, como parte de las actividades que realiza el seminario al que pertenece, en el artículo, la investigadora pone en evidencia hallazgos que dan información sobre las fallas que pudieron presentar las estructuras del Centro SCOP, pero que, a su vez, podrían haber sido útiles para su arreglo y conservación.

Entre ellas, que su diseño, hecho por el arquitecto Raúl Cacho, fue “adecuado y correcto”, en concordancia con la reglamentación de construcción de 1942. “Como obra negra, todo estaba diseñado y calculado con los saberes y reglamentos de construcciones de la época. Para ese momento estaba muy bien hecho, lo cual podemos constatar en los documentos, que son un expediente muy grande de análisis, cálculos y correcciones, así como planos estructurales, que nos indican que nada se hizo a la ligera”, menciona la arquitecta, que reafirma que no se puede cuestionar la calidad del proyecto arquitectónico original, ejecutado en 1946, con la asesoría y colaboración de los arquitectos Enrique Yáñez y Augusto Pérez Palacios

Toneladas de escombros y estructuras parcialmente destruidas predominan en el paisaje FOTO: Roberto Hernández / El Sol de México

Parte de esas diferencias de reglamento, puntualiza, radican en que, para el momento de la realización de aquella construcción, la capital del país no había experimentado terremotos de tal magnitud con edificios tan grandes; y que, además, se tenía la idea de que el suelo lodoso de la zona lacustre del Valle de México podía mitigar daños causados por sismos, lo cual definió el sistema de cimentación del Centro SCOP, donde se concentraron parte de los estragos del inmueble.

Sobre este hallazgo, se le pregunta a la arquitecta si se trata de un argumento suficiente para justificar la demolición del complejo: “Los que nos dedicamos al mundo de la arquitectura, pero sobre todo a la historia de la construcción, sabemos que hay casos (en la preservación de edificios) en que se realiza sólo la demolición parcial o en que se crean las juntas constructivas necesarias para que no haya choques. Así que había otras soluciones por estudiar, pero siempre con base en entender la historia de lo que está construido”, responde.

NO SÓLO SON LOS MURALES

Otro dato significativo encontrado por la Doctora Drago fue que los seis mil metros cuadrados de murales que tenía el inmueble—los cuales fueron retirados para su conservación— representaban una sobrecarga de mil 440 toneladas de peso adicional en los muros perimetrales y los pilotes del edificio, lo cual podría sugerir, entre otras causas, el por qué de los daños en los soportes de los murales originales embebidos a los muros.

La arquitecta menciona que este sobrepeso se explica porque la construcción al principio no fue pensada como un lugar para la burocracia gubernamental sino para la salud, ya que albergaría el Hospital 2 de Zona, pero su ejecución fue abandonada en 1950, por la carestía general de materiales, que internacionalmente se destinaban a la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

FOTO: Roberto Hernández / El Sol de México

No sería sino hasta1953, con el arquitecto Carlos Lazo —quien había dirigido el proyecto de construcción de Ciudad Universitaria—como titular de la entonces Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP), que se decidió recuperar el espacio abandonado, para la construcción del Centro SCOP, con la idea de hacer una integración de obra plástica.

Al igual que con la estructura, la especialista afirma, como lo han hecho otros integrantes del Seminario al que pertenece, que la distribución de los murales debió permanecer lo más intacta posible. Entre otras razones, porque con el acceso a nuevo material del acervo, especialistas en estética se han dado cuenta de que la narrativa de los murales no es independiente; además de que la construcción del edificio representa una visión política específica de su momento, la urbanización de la zona de Narvarte y la continuidad de una expresión artística de décadas, como es el muralismo.

“Sólo se ha construido una memoria en que el valor es el conjunto de los murales, los altos relieves y las estatuas, sin pensar el valor de integración total que incluye lo urbano, lo arquitectónico y lo artístico. La obra arquitectónica no es sólo el bastidor de la obra pictórica porque la disposición y acomodo de las funciones dentro de la SCOP tenía una correspondencia muy similar de orden de narrativa.

FOTO: Roberto Hernández / El Sol de México

“Eso es lo que hemos tratado de decir. Al pensar que ese es su único valor, daría lo mismo que lo pusieran en un aeropuerto que no se construyó, o en un parque, o que lo lleven a cualquier lado, porque pierde el sentido de su existencia”, agrega la arquitecta.

REACCIÓN EN CADENA

Elisa Drago recuerda que el conjunto habitacional también fue pensado de forma integral con los edificios del Centro SCOP, como viviendas para los trabajadores del mismo. Sin embargo, entre las décadas de los 70 y 80, cambió su régimen de propiedad, por lo que los departamentos se volvieron privados. Por esta razón, afirma, es que no se incluyó como parte de la declaratoria de monumento histórico.

Por haber sido pensado como parte del proyecto del mismo Centro SCOP, Drago advierte que este conjunto habitacional podría sufrir consecuencias, de no realizarse de manera correcta los trabajos de demolición. Principalmente por el sistema de pilotes hincados que sostenían las estructuras del centro, los cuales se pueden contar por miles, y están comenzando a emerger.

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“La conclusión general, con la que terminó esa investigación, es que paren la demolición. Aunque eso ya es inminente y (el edificio) ya se perdió. Pero hay que entender qué es lo que está sucediendo en el subsuelo. Porque sólo han quitado lo que está afuera, pero hay que retirar todo lo que está en el subsuelo.

“Los pitotes están comenzando a emerger y eso es una reacción en cadena, de principios básicos de física: si algo tiene un peso que lo sostiene hincado y se quita, emerge. Eso está generando un abufamiento del terreno que va afectar directamente a las viviendas”, concluye la especialista, quien insiste en la revisión de los documentos originales para la implantación de estrategias con la intención de provocar menores daños.

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