/ sábado 19 de septiembre de 2020

Hongos: Delicia para el paladar

A lo largo de la historia, en comunidades indígenas consumen hongos en temporada de lluvias que puede iniciar desde junio hasta octubre. La entidad posee el 25 por ciento de variedad de ellos, una cuarta parte del total que hay en México, lo que lleva a ubicar a Hidalgo en el tercer lugar nacional, según el diagnóstico sobre biodiversidad elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Es justo la humedad en los bosques, la característica principal para que proliferen los hongos silvestres; y en esta temporada, a numerosas personas a ir recolectarlos desde temprana hora para luego cocinarlos de manera rápida y económica.

Es algo que el campo les ofrece y aunque la jornada puede ser extenuante, bien vale el tiempo invertido para preparar en caldo, hacerlos sudados o fritos con un poco de epazote y chile mora; en mixiote, asados en comal, o en quesadillas, entre otras variadas formas.

Se limpian bien, solo se les quita la “telita” de arriba, dice Angélica Melo quien acostumbra recolectar hongos para su consumo, no para venta: “Si es que se llegan a lavar, soltarán mucha agua y entonces esos sí estarán buenos para un caldo. Todo se aprovecha, no hay parte que deje de comerse”

En tanto de acuerdo con la Revista Mexicana de Ciencias Agrícolas cita que los hongos han sido utilizados como alimento y medicina tradicional desde épocas prehispánicas.

Poseen altos contenidos de proteínas, carbohidratos y vitaminas, y bajos en grasas; aunado a que se consideran un recurso forestal no maderable ya que contribuyen a la conservación de bosques, y forman parte de la estructura y funcionamiento de los mismos.

Sea para autoconsumo o para venta, esta tradición ha perdurado de manera generacional. Pueden comprarse en plazas, y es un modo igual de ingreso para las recolectoras de hongos.

Por ejemplo “el montoncito” cuesta entre los 30 y 50 pesos dependiendo del tipo de hongo y la cantidad. Y hay hasta cien pesos por un hongo, grande del tamaño de un plato, como los llamados azules o las enormes yemas, que por su sabor, se cotizan más caros para quien gusta de comerlos.


EL DATO

Comer hongos se le conoce como micofagia o fungivoria



A lo largo de la historia, en comunidades indígenas consumen hongos en temporada de lluvias que puede iniciar desde junio hasta octubre. La entidad posee el 25 por ciento de variedad de ellos, una cuarta parte del total que hay en México, lo que lleva a ubicar a Hidalgo en el tercer lugar nacional, según el diagnóstico sobre biodiversidad elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Es justo la humedad en los bosques, la característica principal para que proliferen los hongos silvestres; y en esta temporada, a numerosas personas a ir recolectarlos desde temprana hora para luego cocinarlos de manera rápida y económica.

Es algo que el campo les ofrece y aunque la jornada puede ser extenuante, bien vale el tiempo invertido para preparar en caldo, hacerlos sudados o fritos con un poco de epazote y chile mora; en mixiote, asados en comal, o en quesadillas, entre otras variadas formas.

Se limpian bien, solo se les quita la “telita” de arriba, dice Angélica Melo quien acostumbra recolectar hongos para su consumo, no para venta: “Si es que se llegan a lavar, soltarán mucha agua y entonces esos sí estarán buenos para un caldo. Todo se aprovecha, no hay parte que deje de comerse”

En tanto de acuerdo con la Revista Mexicana de Ciencias Agrícolas cita que los hongos han sido utilizados como alimento y medicina tradicional desde épocas prehispánicas.

Poseen altos contenidos de proteínas, carbohidratos y vitaminas, y bajos en grasas; aunado a que se consideran un recurso forestal no maderable ya que contribuyen a la conservación de bosques, y forman parte de la estructura y funcionamiento de los mismos.

Sea para autoconsumo o para venta, esta tradición ha perdurado de manera generacional. Pueden comprarse en plazas, y es un modo igual de ingreso para las recolectoras de hongos.

Por ejemplo “el montoncito” cuesta entre los 30 y 50 pesos dependiendo del tipo de hongo y la cantidad. Y hay hasta cien pesos por un hongo, grande del tamaño de un plato, como los llamados azules o las enormes yemas, que por su sabor, se cotizan más caros para quien gusta de comerlos.


EL DATO

Comer hongos se le conoce como micofagia o fungivoria



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