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Muere el japonés Jiro Taniguchi, “el poeta del manga”

  • EFE Agencia
  • en Cultura

París.- El dibujante japonés Jiro Taniguchi, uno de los más conocidos en el mundo y autor de clásicos del manga como “La montaña mágica” o “Barrio lejano”, murió hoy a los 69 años, informó la editorial de sus libros en Francia, Casterman.

Nacido el 14 de agosto de 1947 en la prefectura de Tottori, Taniguchi fue un “puente entre el manga y el cómic occidental”, a juicio de su editorial, además de un “maestro incontestable del género” en todo el mundo.

Autodidacta, el autor se caracterizó por abordar un gran número de géneros en sus libros, marcados por un especial énfasis lírico, lo que hizo que se le conociese en algunos círculos como “el poeta del manga”.

Taniguchi aprendió el oficio junto a Kazuo Kamimura, gracias a quien entró en contacto con el cómic occidental, del que adoptaría la riqueza de los decorados y la multiplicidad de informaciones en cada viñeta.

De la estética clásica del manga, guardaría sobre todo la prioridad que se le da al movimiento.

Orientado a un público adulto, las narraciones de Taniguchi destacan por sus personajes naturales y profundos muy diferentes a los protagonistas del manga juvenil, y por la complejidad de historias aparentemente sencillas.

Fue ampliamente reconocido en Francia, donde tenía una legión de seguidores, no solo en la gran cita del sector, el Festival internacional del Cómic de Angulema, sino a través de varias exposiciones sobre su obra.

“Si el humanismo que atraviesa su obra es familiar para sus lectores, se conocía mucho menos al hombre, de natural reservado y más proclive a dejar hablar a sus obras”, señala el comunicado, que recuerda que el autor solo dejaba su habitual discreción para hablar con pasión y entusiasmo sobre todo lo relacionado con los cómics.

Autor de “El rastreador” o “El gourmet solitario” -obra firmada junto a Masayuki Kusumi en 2010-, el año pasado recuperó al protagonista de este último, Goro Inokashira, para firmar “Paseos de un gourmet solitario”.

Este comerciante recorre las calles de Tokio y otras localidades japonesas para visitar a sus clientes y disfrutar de la comida nipona, algo que se va transformando en todo un análisis de la sociedad de ese país.

/eds