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La comida en los festejos de muertos

  • Luis Corrales

Tulancingo, Hidalgo.-  Las tradiciones del pueblo mexicano, y en particular del estado de Hidalgo, son muy valiosas, son muy apreciadas por los que nacimos en esta entidad y también por los de otras latitudes, mexicanos y extranjeros. El más popular de nuestras tradiciones es el festejo y conmemoración del día de los difuntos, que se divide en tres partes o tres días. El 31 de octubre se festeja a los niños muertos, que nos dejaron y no llegaron a adultos. Esta fiesta es muy arraigada sobre todo en los pueblos alejados donde es muy común que los niños fallezcan por falta de medicinas y de atención médica. Aún ahora sucede esto, dicho en otra forma, la mortandad infantil es mayor en las zonas marginadas, aunque ha disminuido, pero anteriormente, en cada familia había un niño o dos difuntos y por eso la costumbre del 31 de octubre era mayor. El segundo día es el siguiente o sea el primero de Noviembre en que se festeja a todos los santos, es decir a las personas que han muerto pero que es de fama pública que llevaban una vida de buena conducta y que por eso se suponen santos, aunque la Iglesia no los haya canonizado. Todos nosotros creemos que nuestros cercanos, sobretodo nuestras madres, nuestra abuelas y algunos amigos y amigas que han fallecido son santos porque están en la gloria. A ellos festejamos en primero de Noviembre. Y para todos los que han vivido en esta tierra aunque no hayan sido muy religiosos, los denominamos los fieles difuntos y el día dos de noviembre los recordamos, a todos los muertos, santos o no. Así que son tres días de festividades. Apuntamos que estas tres celebraciones, se vienen realizando desde hace cientos de años y que en el transcurrir del tiempo, se han establecido una serie de costumbres, con colores propios, con iconografía propia, con comida propia, con apego a muchas tradiciones que por ser nuestras se van popularizando e incrementando cada año. Por ejemplo, gracias al artista dibujante y pirograbador llamado José Guadalupe Posada, ya las calaveras y esqueletos móviles forman parte de la tradición, lo mismo pasa con las llamadas Catrinas (también les dicen Calavera garbancera), que son mujeres elegantemente ataviadas que resumen una forma tétrica con vestido negro y caras de calavera. Así se forman las tradiciones, también se han incorporado los alebrijes, los muñecos de cartón, las máscaras y los atuendo diversos. Todo esto está dentro de nuestras tradiciones, no así lo que viene de gringolandia, o sea calabazas con luz interior, monstruos, caras de muertos descarnados, muertos vivientes que es una ocurrencia, y todo aquello que pertenece a la cultura del cine de terror, como Chuky, Fredy Kruger, el protagonista asesino de Scream y otros feos que se hicieron populares en la segunda mitad del siglo XX, esos no son nuestros, son, repito, de los EU y allá que se vayan a asustar ingenuos. Usted, amigo, y su servidor no concebimos a estos monstruos como el mismo Frankenstein, que tiene muchos años, en medio de un panteón florido asoleado y verde lleno de flores de cempasúchil en la Sierra o en la Huasteca. No nos gusta lo extranjerizante; nos gusta, y mucho, lo que tiende a recordar a nuestros indígenas y a nuestros paisanos del medio rural. A ver, ¿usted ha visto alguna vez en las ofrendas que nuestros paisanos comen en el panteón que se constituyan de hot cakes o de corn flakes? Entonces debemos identificar lo nuestro y sacarle tarjeta roja a lo de otras latitudes que contaminan nuestras tradiciones.
Bueno, a propósito de la comida, quiero revisar y detallar la comida en los días de muertos, cuáles son los platillos tradicionales y en qué consisten. Dice la tradición que cada familia guisa lo que le gustaba mucho al difunto. Ya sabemos que en la riquísima variedad de platillos mexicanos, cada quien tiene sus preferidas. Mole verde encacahuatado o como pascal, que es con pepitas de calabaza molidas, el mole rojo con guajolote (Huaxólotl, palabra náhuatl) es de los más gustados, también el pozole, con su maíz inflado (cacahuazintle), su carne de puerco o de pollo todo en salsa de chile guajillo y condimentado con cebolla, lechuga, rábanos, orégano, acompañado de sus tostadas; también no faltan los tacos de muchas formas, de acuerdo al gusto del fallecido, ya sean secos, en salsa o fritos, ya sean de pollo, de res o de puerco y aún más de barbacoa y de carnero. También están los tamales y aquí hay que hacer una destacada mención de los de la huasteca, que son grandes y muy especiales. Los tamales enormes que se hacen en esta región son únicos en el mundo y le llaman ZACAHUIL, de gran tamaño (digamos 4 metros) según el tamaño del horno que cada casa tenga; que está hecho con la clásica masa del tamal a base de maíz y manteca y de un sabor especial muy rico, y que contiene una gallina, o un guajolote chico o un cerdo pequeño, aderezado todo con salsa verde o roja de sabor picante. Este es un platillo con el que se alimenta una familia entera y sus invitados, es exquisito y muy recomendable. No es fácil de transportar por su tamaño pero eso lo hace más regional. Para las fiestas de Noviembre el zacahuil es indispensable. Su nombre se deriva del náhuatl sacatl que quiere decir “envoltorio.” Hay otro tamal, este es de dulce y es de menor tamaño, se llama Sohol que viene de Xolotl, que es paloma, huilotl, o tórtola silvestre, este tamal contiene en su masa, frutas secas y está endulzado con piloncillo y es una delicia para los niños y para los adultos glotones. También se acostumbran los llamados Trabucos, que están rellenos de cacahuate molido como mazapán, endulzados con piloncillo y envueltos en hojas de maíz. Hay otros llamados Tecoquitos, más chicos, con el maíz molido (pinole) en seco. Así que no hay límite, todos los platillos que se consumen en las zonas mencionadas aunados a los dulces están presentes. Algunos altares contienen bebidas alcohólicas como tequila, rompope y pulque servidos en recipientes de barro, utilizados para mantener el tradicionalismo. Puede incluirse cualquier otra bebida que le haya gustado al difunto como cerveza, ron, mezcal etc. y se le añaden los cigarros que fumaba el susodicho.
Así que estas son las tradiciones de comida, claro que abundan las tortilla de comal y los frijolitos. El día tres todos comparten lo que le hayan llevado al difuntito al panteón y se hace ese día la fiesta del consumo de los platillos y bebidas en el panteón o en la casa de la familia que festejó, o sea casi todos. Esto es patrimonio nuestro, la UNESCO lo califica como patrimonio Intangible y es un valor cultural enorme que no debemos olvidar.
Ya no quiero hablar de lo de los relajos que organiza la Presidencia Municipal en el panteón de San Bartolo en Pachuca en las noches de los últimos días de Octubre y primeros de Noviembre, en los que so pretexto de hacer lo que ellos llaman “Noches de Leyendas” que ni son leyendas ni tienen tradición y sólo son para sacar dinero en una festejo nocturno de falta de respeto a nuestros muertos en el más antiguo y tradicional Panteón, entre cuyas tumbas caminan, bailan y cantan a ciencia y paciencia de la autoridad municipal que nos ofende con esas irreverencias a nuestros muertos.

Noviembre de 2017