/ jueves 11 de junio de 2020

¿Qué sigue para nuestra economía?

ACERVO


Derivado de la pandemia por el virus SARS-CoV-2 en territorio mexicano, han surgido recientemente una serie de perspectivas y mediciones en materia económica, tendientes todas, a analizar los efectos causados por este fenómeno sanitario en las finanzas de nuestra sociedad.

Existen ya al alcance de la opinión pública, diversos estudios elaborados por bancos nacionales y extranjeros que contrastan elementos y criterios empleados para así emitir consideraciones sobre el curso de la economía mexicana para el corto, mediano y largo plazo.

Por un lado, encontramos los documentos surgidos desde entidades de la banca extranjera como JP Morgan, Bank of América o Morgan Stanley que asumen desde ya, una grave pérdida en el grado de inversión para México hacia los próximos dos años.

En una posición mayormente mesurada se colocan los reportes de Grupo Financiero Banorte, en el sentido de que México mantendrá su posición como nación emergente y cuestionó hasta cierto punto, el que si los mercados tuvieran la certeza de la pérdida en el grado de inversión por parte de nuestro país, el tipo de cambio no estaría rondando niveles mínimos cuando menos desde hace un trimestre.

Dentro del escenario de las mediciones previamente contextualizadas, se encuentra también la de la corporación financiera estadounidense, Fitch Ratings, que estima perspectivas estables para México, aunque con una calificación de BBB - , siendo esta la más baja de todas las calificadoras. En tanto que, Standard and Poor´s y Moody´s fijan perspectivas negativas, aunque con calificación de BBB.

Con todos estos elementos técnicos, insisto a disposición de cualquier particular, es que comienza a escucharse en los diversos espacios de opinión, la similitud de esta coyuntura económica nacional, con la situación vivida en Brasil durante el 2015, cuando la nación sudamericana perdió su grado de inversión, con un nivel de deuda más alta, comparada a que la que hoy se tiene para México.

Vienen también, los recientes análisis de expertos económicos en el sentido de que para algunos, sería muy conveniente y útil el que México incrementara su nivel de deuda para hacer frente de una forma más robusta a la emergencia sanitaria por el Coronavirus, aunque para otros tantos, la decisión del actual gobierno de México en torno a no aumentar la deuda, está ayudando a mantener el grado de inversión nacional.

Todos estos análisis se comparan también con la forma por medio de la cual diversas naciones están incrementando su deuda externa considerablemente y el caso de México, reviste una valoración muy detallada, ya que al no estar haciendo uso de esta fuente de fondeo macro, podría dejar al país con una fortaleza a partir del próximo año.

Han surgido ya también voces en el sentido de que esta es una oportunidad propicia para hacer una reforma fiscal que dote de fortaleza a las finanzas públicas, aunque el panorama cada vez se vuelve más complejo, con las venideras elecciones intermedias de 2021.

Al margen de estas condicionantes, es imperante que como mexicanos conozcamos por parte de nuestras autoridades del sector financiero, datos útiles para lo que viene por delante. Las decisiones del Secretario Arturo Herrera serán fundamentales para precisar desde el ente rector de la hacienda pública, que escenario económico le espera a México a corto, mediano y largo plazo.

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Derivado de la pandemia por el virus SARS-CoV-2 en territorio mexicano, han surgido recientemente una serie de perspectivas y mediciones en materia económica, tendientes todas, a analizar los efectos causados por este fenómeno sanitario en las finanzas de nuestra sociedad.

Existen ya al alcance de la opinión pública, diversos estudios elaborados por bancos nacionales y extranjeros que contrastan elementos y criterios empleados para así emitir consideraciones sobre el curso de la economía mexicana para el corto, mediano y largo plazo.

Por un lado, encontramos los documentos surgidos desde entidades de la banca extranjera como JP Morgan, Bank of América o Morgan Stanley que asumen desde ya, una grave pérdida en el grado de inversión para México hacia los próximos dos años.

En una posición mayormente mesurada se colocan los reportes de Grupo Financiero Banorte, en el sentido de que México mantendrá su posición como nación emergente y cuestionó hasta cierto punto, el que si los mercados tuvieran la certeza de la pérdida en el grado de inversión por parte de nuestro país, el tipo de cambio no estaría rondando niveles mínimos cuando menos desde hace un trimestre.

Dentro del escenario de las mediciones previamente contextualizadas, se encuentra también la de la corporación financiera estadounidense, Fitch Ratings, que estima perspectivas estables para México, aunque con una calificación de BBB - , siendo esta la más baja de todas las calificadoras. En tanto que, Standard and Poor´s y Moody´s fijan perspectivas negativas, aunque con calificación de BBB.

Con todos estos elementos técnicos, insisto a disposición de cualquier particular, es que comienza a escucharse en los diversos espacios de opinión, la similitud de esta coyuntura económica nacional, con la situación vivida en Brasil durante el 2015, cuando la nación sudamericana perdió su grado de inversión, con un nivel de deuda más alta, comparada a que la que hoy se tiene para México.

Vienen también, los recientes análisis de expertos económicos en el sentido de que para algunos, sería muy conveniente y útil el que México incrementara su nivel de deuda para hacer frente de una forma más robusta a la emergencia sanitaria por el Coronavirus, aunque para otros tantos, la decisión del actual gobierno de México en torno a no aumentar la deuda, está ayudando a mantener el grado de inversión nacional.

Todos estos análisis se comparan también con la forma por medio de la cual diversas naciones están incrementando su deuda externa considerablemente y el caso de México, reviste una valoración muy detallada, ya que al no estar haciendo uso de esta fuente de fondeo macro, podría dejar al país con una fortaleza a partir del próximo año.

Han surgido ya también voces en el sentido de que esta es una oportunidad propicia para hacer una reforma fiscal que dote de fortaleza a las finanzas públicas, aunque el panorama cada vez se vuelve más complejo, con las venideras elecciones intermedias de 2021.

Al margen de estas condicionantes, es imperante que como mexicanos conozcamos por parte de nuestras autoridades del sector financiero, datos útiles para lo que viene por delante. Las decisiones del Secretario Arturo Herrera serán fundamentales para precisar desde el ente rector de la hacienda pública, que escenario económico le espera a México a corto, mediano y largo plazo.

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