/ jueves 23 de enero de 2020

Protocolos de prevención

A finales del mes de diciembre pasado fue detectado un brote de coronavirus en la región aledaña a Wuhan, China, mismo que se ha propagado a lo largo de Asia y ha permeado en días recientes en diversos continentes, incluido el americano.

Este es pues, un virus que afecta al sistema respiratorio y es considerado como agudo, derivado a que su contagio entre humanos se da prácticamente mediante contactos muy próximos y la fuente primaria de la epidemia se infiere es vía animal. Bajo esta coyuntura que se ha acrecentado, es conveniente contextualizar los protocolos oficiales en materia de sanidad y control epidemiológico que surgen desde la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La OMS vigila de forma permanente la evolución y situación de enfermedades e infecciones, activando alertas globales cuando son necesarias para salvaguardar a los grupos poblacionales en calidad de exposición directa. Este ente internacional se conforma por expertos técnicos en materia de salud quienes, desde Ginebra, Suiza se encargan de valorizar los parámetros de determinada contingencia sanitaria.

Existe dentro de la norma regulatoria mundial un Reglamento Sanitario Internacional que data de 2007, el cual busca prevenir la propagación de enfermedades entre naciones, controlarlas y restringir los riesgos para la salud pública. En este marco de referencia se patentizan actuaciones institucionales de control de brotes, evaluación de riesgos, entre otros.

En referencia al brote de coronavirus se conformó el lunes de esta semana un Comité de Emergencia, integrado por médicos epidemiólogos de diversos países, entre ellos de China, encargados de debatir la conveniencia o no de declarar formalmente una alerta sanitaria mundial que armonice las estrategias de cada nación para hacer frente a la contingencia aquí precisada.

Después de intensas horas de análisis y de valorizaciones, se acordó diferir para este jueves el anuncio de la declaratoria o no de una potencial alerta sanitaria mundial. Lo anterior, en virtud de que el cuerpo colegiado médico mantiene su trabajo de investigación en torno al foco de la epidemia.

En el pasado, se ha dejado constancia de los decretos de emergencia de salud pública a nivel internacional de la OMS. Muchos recordamos como en junio de 2009 se activaron las alertas sanitarias frente a la denominada gripe porcina H1N1, con propagación en México y los Estados Unidos de Norteamérica, misma que cobró la vida de aproximadamente 18,500 personas.

Hacia 2014, derivado del brote de polio en países africanos como Camerún y Etiopía, así como los asiáticos Pakistán y Siria, se activaron nuevamente los protocolos. También en 2014, vino la aparición del ébola en Liberia y Sierra Leona, cobrando esta epidemia aproximadamente 11,000 vidas humanas. Ya para 2016 supimos que emergió el virus del Zika en regiones de Brasil y de la Polinesia Francesa, nuevamente con las máximas alertas decretadas.

Así, hemos constatado de la conformación de estrategias globales de salud que han atendido las graves contingencias a las que las sociedades que habitamos el planeta nos hemos visto inmersas.

En el plano nacional, conocimos la posición presidencial y las declaraciones de los funcionarios de la Secretaría de Salud del gobierno de federal respecto a la implementación de los protocolos de vigilancia epidemiológica, toda vez que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha distribuido la “Guía Provisional de Pruebas de Laboratorio para Casos Humanos de Infección por Nuevo Coronavirus” que es de observancia por los Laboratorios Nacionales y de referencia de toda Latinoamérica. La salud es nuestro acervo.

A finales del mes de diciembre pasado fue detectado un brote de coronavirus en la región aledaña a Wuhan, China, mismo que se ha propagado a lo largo de Asia y ha permeado en días recientes en diversos continentes, incluido el americano.

Este es pues, un virus que afecta al sistema respiratorio y es considerado como agudo, derivado a que su contagio entre humanos se da prácticamente mediante contactos muy próximos y la fuente primaria de la epidemia se infiere es vía animal. Bajo esta coyuntura que se ha acrecentado, es conveniente contextualizar los protocolos oficiales en materia de sanidad y control epidemiológico que surgen desde la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La OMS vigila de forma permanente la evolución y situación de enfermedades e infecciones, activando alertas globales cuando son necesarias para salvaguardar a los grupos poblacionales en calidad de exposición directa. Este ente internacional se conforma por expertos técnicos en materia de salud quienes, desde Ginebra, Suiza se encargan de valorizar los parámetros de determinada contingencia sanitaria.

Existe dentro de la norma regulatoria mundial un Reglamento Sanitario Internacional que data de 2007, el cual busca prevenir la propagación de enfermedades entre naciones, controlarlas y restringir los riesgos para la salud pública. En este marco de referencia se patentizan actuaciones institucionales de control de brotes, evaluación de riesgos, entre otros.

En referencia al brote de coronavirus se conformó el lunes de esta semana un Comité de Emergencia, integrado por médicos epidemiólogos de diversos países, entre ellos de China, encargados de debatir la conveniencia o no de declarar formalmente una alerta sanitaria mundial que armonice las estrategias de cada nación para hacer frente a la contingencia aquí precisada.

Después de intensas horas de análisis y de valorizaciones, se acordó diferir para este jueves el anuncio de la declaratoria o no de una potencial alerta sanitaria mundial. Lo anterior, en virtud de que el cuerpo colegiado médico mantiene su trabajo de investigación en torno al foco de la epidemia.

En el pasado, se ha dejado constancia de los decretos de emergencia de salud pública a nivel internacional de la OMS. Muchos recordamos como en junio de 2009 se activaron las alertas sanitarias frente a la denominada gripe porcina H1N1, con propagación en México y los Estados Unidos de Norteamérica, misma que cobró la vida de aproximadamente 18,500 personas.

Hacia 2014, derivado del brote de polio en países africanos como Camerún y Etiopía, así como los asiáticos Pakistán y Siria, se activaron nuevamente los protocolos. También en 2014, vino la aparición del ébola en Liberia y Sierra Leona, cobrando esta epidemia aproximadamente 11,000 vidas humanas. Ya para 2016 supimos que emergió el virus del Zika en regiones de Brasil y de la Polinesia Francesa, nuevamente con las máximas alertas decretadas.

Así, hemos constatado de la conformación de estrategias globales de salud que han atendido las graves contingencias a las que las sociedades que habitamos el planeta nos hemos visto inmersas.

En el plano nacional, conocimos la posición presidencial y las declaraciones de los funcionarios de la Secretaría de Salud del gobierno de federal respecto a la implementación de los protocolos de vigilancia epidemiológica, toda vez que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha distribuido la “Guía Provisional de Pruebas de Laboratorio para Casos Humanos de Infección por Nuevo Coronavirus” que es de observancia por los Laboratorios Nacionales y de referencia de toda Latinoamérica. La salud es nuestro acervo.

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