/ miércoles 23 de diciembre de 2020

Por amor, esta Navidad quedémonos en casa

Las fechas con las que culmina el año son el espacio idóneo para la reflexión, la cual va acompañada de todos los sucesos vividos en el ciclo que termina, así como de las personas que se encargaron de otorgarnos momentos de felicidad, compromiso, entrega y amor. Esperar la Navidad y la celebración de Año Nuevo implica la oportunidad de convivir y agradecer a nuestros seres queridos.

El año 2020 nos otorga un momento de reflexión profunda respecto de la fragilidad humana y de lo breve que es nuestra estancia en esta existencia. Lamentablemente, a diferencia de otros años en circunstancias normales, esta vez las familias no podrán reunirse de forma numerosa, es decir, sólo se podrá atender a aquellos que viven en el mismo espacio a fin de no correr un riesgo alto por COVID 19.

Cuando se presentó el semáforo para indicar el momento de riesgo que vivíamos, relacionado con la ocupación hospitalaria desde luego, asumimos que el color decretado por el Gobierno Federal era dado por elementos estadísticos que permitían, o no, llevar a cabo concentraciones de personas y la reactivación de diversas actividades más allá de las esenciales. Incluso, esa mecánica informativa, se dijo, fue adoptada por diversos países en el mundo incluyendo a los Estados Unidos de América, como forma de hacer saber cuan peligroso era reunirse aún con todas las medidas sanitarias. Sin embargo, como ha sucedido con el manejo general de la pandemia, a últimas fechas existe un riesgo latente y percibido por personal médicos y algunos medios de comunicación, el cual apunta a un semáforo rojo en muchas entidades, comenzando por la Ciudad México. En contrasentido, quien ha sido el encargado del manejo de la pandemia ahora declara que el color del semáforo es irrelevante. Ello sólo es una muestra del sello con el que se han conducido las autoridades sanitarias del país.

Pero más allá de cualquier decisión gubernamental, la responsabilidad ciudadana debe hacerse presente como muchas veces que nuestro país ha requerido la solidaridad de todas y todos los mexicanos. Esta nueva etapa de confinamiento es incluso más seria que la vivida en marzo pasado, ya que los elementos climáticos y el deseo por reunirse en estas fechas, aumenta el riesgo de contagio e, incluso, de gravedad en los casos. Hoy, no cabe más nadie en los hospitales públicos y privados.

Sin duda, será la Navidad más diferente de todas, en la que, irónicamente, las muestras de afecto y respeto serán poniendo distancia de por medio. Y es que amar es cuidar, por lo que, en atención a nuestros familiares adultos mayores y con algún riesgo de salud, debemos quedarnos en casa, encontrarnos a la distancia ayudándonos de tecnología y sabiendo que un acto de responsabilidad actual será el único vehículo que nos permita abrazarnos más adelante.

Para nadie será fácil máxime que ya han pasado meses sin que podamos reencontrarnos, sin embargo, la luz de esperanza ya se vislumbra con la aplicación de vacunas, campaña en la que requerimos toda la responsabilidad que hasta hoy las autoridades no han demostrado.

Celebremos, reflexionemos, pero por favor no nos pongamos en riesgo. Mis mejores deseos para esta Navidad, esperando que el cariño y salud cubran todos los hogares de nuestro querido México.

Quédate en casa.

Las fechas con las que culmina el año son el espacio idóneo para la reflexión, la cual va acompañada de todos los sucesos vividos en el ciclo que termina, así como de las personas que se encargaron de otorgarnos momentos de felicidad, compromiso, entrega y amor. Esperar la Navidad y la celebración de Año Nuevo implica la oportunidad de convivir y agradecer a nuestros seres queridos.

El año 2020 nos otorga un momento de reflexión profunda respecto de la fragilidad humana y de lo breve que es nuestra estancia en esta existencia. Lamentablemente, a diferencia de otros años en circunstancias normales, esta vez las familias no podrán reunirse de forma numerosa, es decir, sólo se podrá atender a aquellos que viven en el mismo espacio a fin de no correr un riesgo alto por COVID 19.

Cuando se presentó el semáforo para indicar el momento de riesgo que vivíamos, relacionado con la ocupación hospitalaria desde luego, asumimos que el color decretado por el Gobierno Federal era dado por elementos estadísticos que permitían, o no, llevar a cabo concentraciones de personas y la reactivación de diversas actividades más allá de las esenciales. Incluso, esa mecánica informativa, se dijo, fue adoptada por diversos países en el mundo incluyendo a los Estados Unidos de América, como forma de hacer saber cuan peligroso era reunirse aún con todas las medidas sanitarias. Sin embargo, como ha sucedido con el manejo general de la pandemia, a últimas fechas existe un riesgo latente y percibido por personal médicos y algunos medios de comunicación, el cual apunta a un semáforo rojo en muchas entidades, comenzando por la Ciudad México. En contrasentido, quien ha sido el encargado del manejo de la pandemia ahora declara que el color del semáforo es irrelevante. Ello sólo es una muestra del sello con el que se han conducido las autoridades sanitarias del país.

Pero más allá de cualquier decisión gubernamental, la responsabilidad ciudadana debe hacerse presente como muchas veces que nuestro país ha requerido la solidaridad de todas y todos los mexicanos. Esta nueva etapa de confinamiento es incluso más seria que la vivida en marzo pasado, ya que los elementos climáticos y el deseo por reunirse en estas fechas, aumenta el riesgo de contagio e, incluso, de gravedad en los casos. Hoy, no cabe más nadie en los hospitales públicos y privados.

Sin duda, será la Navidad más diferente de todas, en la que, irónicamente, las muestras de afecto y respeto serán poniendo distancia de por medio. Y es que amar es cuidar, por lo que, en atención a nuestros familiares adultos mayores y con algún riesgo de salud, debemos quedarnos en casa, encontrarnos a la distancia ayudándonos de tecnología y sabiendo que un acto de responsabilidad actual será el único vehículo que nos permita abrazarnos más adelante.

Para nadie será fácil máxime que ya han pasado meses sin que podamos reencontrarnos, sin embargo, la luz de esperanza ya se vislumbra con la aplicación de vacunas, campaña en la que requerimos toda la responsabilidad que hasta hoy las autoridades no han demostrado.

Celebremos, reflexionemos, pero por favor no nos pongamos en riesgo. Mis mejores deseos para esta Navidad, esperando que el cariño y salud cubran todos los hogares de nuestro querido México.

Quédate en casa.

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