/ sábado 12 de septiembre de 2020

Nicolás Bravo, el héroe del perdón

José Ma. Morelos y Pavón le envió una carta en la cual le informaba que su padre, el general Leonardo Bravo, había sido ejecutado en la Ciudad de México por órdenes del virrey. En esa misiva, Morelos mostró su indignación, le dio el pésame a Nicolás Bravo y le ordenó matar, “pasando a cuchillo a los soldados realistas prisioneros que estaban en su poder” y, agregó el cura: “Comuníqueme en seguida la ejecución” Nicolás Bravo no cumplió la orden. Y a partir de ese hecho, fue llamado el héroe del perdón… Nicolas Bravo fue hijo del hacendado Leonardo Bravo y Gertrudis Rueda, dueños de la hacienda Chichihualco, en Chilpancingo, nació el 10 de septiembre de 1786 y, sería por sus acciones, héroe de la independencia y tres veces presidente de la República. Su padre; Leonardo Bravo, fue militar y Nicolás heredó esta vocación.

Eran días turbulentos con olor a pólvora. Al iniciar el movimiento independentista, los realistas recorrieron el sur del país exigiendo a los hacendados apoyo para combatir a los insurgentes. La familia de Nicolás Bravo se opuso y tuvieron que dejar su propiedad para vivir escondidos en distintos lugares. Hermenegildo Galeana, quien dirigía el bando rebelde en el hoy estado de Morelos, supo de la negativa de Leonardo Bravo a apoyar a los realistas e invitó al militar a sumarse a su causa.

Leonardo Bravo con sus tres hermanos y su hijo Nicolás, se unió a Galeana y desde el primer momento éste manifestó su lealtad a favor del cura Morelos y del movimiento independentista. En 1812, su padre, Leonardo Bravo, cayó prisionero en manos de Gabriel Yermo y fue conducido hasta Félix Ma. Calleja a la Ciudad de México. Ahí, fue ejecutado y Morelos le dio a conocer la tragedia a Nicolás.

El comandante Bravo se encontraba en Veracruz, leyó la carta y, ante unos 300 soldados prisioneros y el pueblo que estaba pendiente de la ejecución, Bravo les perdonó la vida. Por la benevolencia mostrada que desatendió la orden de José Ma. Morelos y Pavón, los soldados realistas en agradecimiento se pasaron a sus filas.

Morelos no hizo ningún reproche a su comandante. El prestigio que alcanzó Bravo por tal acto fue inconmensurable. Se ganó el respeto y reconocimiento de leales y enemigos. Dejó Nicolás muy en claro que, una era la lucha por la independencia y, otra, caer en la barbarie como venganza contra los enemigos. Su muerte y la de su esposa están envueltas en un misterio. Fue declarado Benemérito de la patria. Sus restos fueron llevados a la Catedral y de ahí a la Columna de la Independencia

José Ma. Morelos y Pavón le envió una carta en la cual le informaba que su padre, el general Leonardo Bravo, había sido ejecutado en la Ciudad de México por órdenes del virrey. En esa misiva, Morelos mostró su indignación, le dio el pésame a Nicolás Bravo y le ordenó matar, “pasando a cuchillo a los soldados realistas prisioneros que estaban en su poder” y, agregó el cura: “Comuníqueme en seguida la ejecución” Nicolás Bravo no cumplió la orden. Y a partir de ese hecho, fue llamado el héroe del perdón… Nicolas Bravo fue hijo del hacendado Leonardo Bravo y Gertrudis Rueda, dueños de la hacienda Chichihualco, en Chilpancingo, nació el 10 de septiembre de 1786 y, sería por sus acciones, héroe de la independencia y tres veces presidente de la República. Su padre; Leonardo Bravo, fue militar y Nicolás heredó esta vocación.

Eran días turbulentos con olor a pólvora. Al iniciar el movimiento independentista, los realistas recorrieron el sur del país exigiendo a los hacendados apoyo para combatir a los insurgentes. La familia de Nicolás Bravo se opuso y tuvieron que dejar su propiedad para vivir escondidos en distintos lugares. Hermenegildo Galeana, quien dirigía el bando rebelde en el hoy estado de Morelos, supo de la negativa de Leonardo Bravo a apoyar a los realistas e invitó al militar a sumarse a su causa.

Leonardo Bravo con sus tres hermanos y su hijo Nicolás, se unió a Galeana y desde el primer momento éste manifestó su lealtad a favor del cura Morelos y del movimiento independentista. En 1812, su padre, Leonardo Bravo, cayó prisionero en manos de Gabriel Yermo y fue conducido hasta Félix Ma. Calleja a la Ciudad de México. Ahí, fue ejecutado y Morelos le dio a conocer la tragedia a Nicolás.

El comandante Bravo se encontraba en Veracruz, leyó la carta y, ante unos 300 soldados prisioneros y el pueblo que estaba pendiente de la ejecución, Bravo les perdonó la vida. Por la benevolencia mostrada que desatendió la orden de José Ma. Morelos y Pavón, los soldados realistas en agradecimiento se pasaron a sus filas.

Morelos no hizo ningún reproche a su comandante. El prestigio que alcanzó Bravo por tal acto fue inconmensurable. Se ganó el respeto y reconocimiento de leales y enemigos. Dejó Nicolás muy en claro que, una era la lucha por la independencia y, otra, caer en la barbarie como venganza contra los enemigos. Su muerte y la de su esposa están envueltas en un misterio. Fue declarado Benemérito de la patria. Sus restos fueron llevados a la Catedral y de ahí a la Columna de la Independencia

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