/ jueves 13 de febrero de 2020

2020: Entre el calor y las plagas

La Organización de las Naciones Unidas a la que pertenece nuestro país ha declarado al 2020 como “el Año Internacional de la Sanidad Vegetal: la oportunidad de combatir las plagas del cambio climático”.

Es por demás detallar la importancia de salvaguardar la sanidad vegetal pues constituye la base de la cadena alimenticia, sin ellas la extinción de la especie humana sería una consecuencia lógica.

Las plantas además realizan servicios ambientales tal y como lo explica el doctor Francisco Javier Trujillo, director del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria de México: las plantas participan en el ciclo del agua, estabilización de temperatura, absorción del dióxido de carbono, proveen oxígeno, son materia prima de medicinas de patente(40% de estas), material de construcción, combustible y nos dan fibras para nuestra vestimenta.

Desafortunadamente la explotación del suelo, la contaminación y todo lo que conlleva el calentamiento global hacen de las sequías o inundaciones, las enfermedades y las plagas un peligro real que ya afecta al mundo de manera nunca antes vista.

Recientemente las noticias han puesto en relevancia que en los próximos 10 años las temperaturas globales batirán nuevos récords, según el estudio de Bulletin of the American Meteorological Society existe un 75% de posibilidades de que cada año aparezca entre los 10 más calientes.

Los datos son en verdad alarmantes, “actualmente el 40% de los cultivos alimentarios mundiales se pierden cada año a causa de plagas y enfermedades vegetales, esto hace que millones de personas sufran hambre y perjudica gravemente la agricultura, el principal medio de vida de las comunidades rurales” (ONU, 2020).

Pero ¿cómo incide el cambio climático en el aumento de las plagas? La ONU resume que la diferencia de temperaturas, la humedad y los gases de la atmósfera modifican el crecimiento y la capacidad con que se generan las plantas, los hongos, y los insectos, alterando la interacción entre las plagas, sus enemigos naturales y sus huéspedes.

La FAO en el documento “Año internacional de la sanidad vegetal 2020” el cual recomiendo leer en su totalidad describe a la sanidad vegetal en cifras: Las plantas constituyen el 80% de los alimentos que comemos y producen el 98% del oxígeno que respiramos; las plagas de las plantas son responsables de las pérdidas comerciales en productos agrícolas que superan los 220 mil millones de USD anualesel valor anual del comercio en productos agrícolas casi se ha triplicado en la última década, principalmente en las economías emergentes y en los países en desarrollo, alcanzando los 1,7 billones de USD.

Finalmente, la FAO estima que la producción agrícola debe aumentar en un 60% para el año 2050, con el fin de alimentar a una población mayor y generalmente más rica.

¿La humanidad esta haciendo lo necesario para conservar a la naturaleza y a su propia existencia? Nosotros como ciudadanos debemos contribuir diariamente con acciones que ya conocemos además de reducir el consumo de plásticos, de textiles y combustibles, en síntesis, disminuir nuestra huella ecológica.

La Organización de las Naciones Unidas a la que pertenece nuestro país ha declarado al 2020 como “el Año Internacional de la Sanidad Vegetal: la oportunidad de combatir las plagas del cambio climático”.

Es por demás detallar la importancia de salvaguardar la sanidad vegetal pues constituye la base de la cadena alimenticia, sin ellas la extinción de la especie humana sería una consecuencia lógica.

Las plantas además realizan servicios ambientales tal y como lo explica el doctor Francisco Javier Trujillo, director del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria de México: las plantas participan en el ciclo del agua, estabilización de temperatura, absorción del dióxido de carbono, proveen oxígeno, son materia prima de medicinas de patente(40% de estas), material de construcción, combustible y nos dan fibras para nuestra vestimenta.

Desafortunadamente la explotación del suelo, la contaminación y todo lo que conlleva el calentamiento global hacen de las sequías o inundaciones, las enfermedades y las plagas un peligro real que ya afecta al mundo de manera nunca antes vista.

Recientemente las noticias han puesto en relevancia que en los próximos 10 años las temperaturas globales batirán nuevos récords, según el estudio de Bulletin of the American Meteorological Society existe un 75% de posibilidades de que cada año aparezca entre los 10 más calientes.

Los datos son en verdad alarmantes, “actualmente el 40% de los cultivos alimentarios mundiales se pierden cada año a causa de plagas y enfermedades vegetales, esto hace que millones de personas sufran hambre y perjudica gravemente la agricultura, el principal medio de vida de las comunidades rurales” (ONU, 2020).

Pero ¿cómo incide el cambio climático en el aumento de las plagas? La ONU resume que la diferencia de temperaturas, la humedad y los gases de la atmósfera modifican el crecimiento y la capacidad con que se generan las plantas, los hongos, y los insectos, alterando la interacción entre las plagas, sus enemigos naturales y sus huéspedes.

La FAO en el documento “Año internacional de la sanidad vegetal 2020” el cual recomiendo leer en su totalidad describe a la sanidad vegetal en cifras: Las plantas constituyen el 80% de los alimentos que comemos y producen el 98% del oxígeno que respiramos; las plagas de las plantas son responsables de las pérdidas comerciales en productos agrícolas que superan los 220 mil millones de USD anualesel valor anual del comercio en productos agrícolas casi se ha triplicado en la última década, principalmente en las economías emergentes y en los países en desarrollo, alcanzando los 1,7 billones de USD.

Finalmente, la FAO estima que la producción agrícola debe aumentar en un 60% para el año 2050, con el fin de alimentar a una población mayor y generalmente más rica.

¿La humanidad esta haciendo lo necesario para conservar a la naturaleza y a su propia existencia? Nosotros como ciudadanos debemos contribuir diariamente con acciones que ya conocemos además de reducir el consumo de plásticos, de textiles y combustibles, en síntesis, disminuir nuestra huella ecológica.

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